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domingo, 9 de junio de 2019

Antes que me gane la tristeza IB


Te conocí una noche lluviosa de abril. Tu cabello mojado negro, ingreso al bar de mala muerte donde nos conocimos.  Llevabas una camisa azul, unos pantalones sueltos, que hacían ver la delgadez de tus piernas. Tus ojos estaban como volados. Veías el camino, pero a la vez no.
Podía ver una nube oscura sobre ti. Un saco de papas en tu espalda. Te vi con ese caminar de héroe rendido, que fue lo que me impulso a acercarme a ti.
En ese momento me pregunte... ¿Porque siempre tengo que estar recogiendo almas en pena en el camino?
Te sentaste a mi lado y pediste un pisco sour. Lo tomaste en el primer sorbo y pediste otro. Quizás debí huir, pero en ese momento me había fijado en tus ojos melancólicos. Los vi fijamente y sentí perderme en ellos. Eran transparentes. Podía leer tu alma a través de ellos.
Se degradaban las palabras en mi boca. Quería hablarte, pero a la vez no.


Antes que la tristeza me gane II

Puedes leer la primera parte aquí: https://carolinatasayco.blogspot.com/2011/09/antes-que-la-tristeza-me-gane.html


Un cúmulo de sonidos retumba nuestros oídos al caminar de la mano corriendo por las calles. No tengo idea cómo hemos llegado a este momento, pero acá estamos, sonriendo y corriendo por las calles de Barranco. Por un momento las calles no sé ven grisáceas cómo son en realidad . Emergen luces de las paredes, la pista, la vereda, la gente que pasa junto nuestro.
Él no me dice nada, es más, no me ha dicho nada desde que salimos del Dragón y yo no le digo nada tampoco, porque temo romper la magia del momento. Entonces nos adentramos en la oscuridad que ahora vemos llena de luces y nos miramos unos instantes.

- ¿Donde esta tu carro? - le pregunto
- No puedo manejar así. Siento que me voy a morir - dice riendo.
- Yo manejo - le dijo, sin saber exactamente por que, dado que no tengo brevete ni se manejar bien

El rebusca el bolsillo de su pantalón grueso (porque es friolento) y me da las llaves de su auto. No tienen llavero.

- Esta en la esquina - dice señalando a un auto azul, pequeño, gracioso.

Nos acercamos con las manos enlazadas. Él se ríe de tanto en tanto y yo también, aunque no sé porque se ríe él. Cuando llegamos al auto, el tropieza con una piedra y cae de cruces sobre el auto. Yo no lo sostengo. El se ríe otra vez y siento que empiezo a cobrar la conciencia, pero no del todo. Sube, le digo quitando el seguro al auto y él obedece.

- ¿Donde vives?
- Jesús María, pero vamos a Miraflores
- ¿A que parte?
- Alcanfores, al departamento de mi novia
- Ok, te dejo ahi entonces
- No, no me dejes, quedate conmigo - dice mientras coge con ambas manos mis muñecas y me besa. Es un beso fuerte, intenso, cargado de cerveza
- No - le digo separándome - te dejo y ya
- Vamos, va a ser divertido coger en la cama de esa huevona
- Estás loco - digo encendiendo el auto
- Si quieres vamos a Chorrillos y cogemos en la cama de tu novio ¿que dices?
- No es mala idea, pero posibemente saque un arma y nos mate
- Eso me temí.

Encendí el motor con las llaves y lo miré.

- Ok, entonces ahí será

El se me acercó y me beso, fue un beso dulce, muy dulce. Yo no aguante y le toque el pito. Él sonrió, me miró y dijo

- También podríamos hacerlo en el auto
- Tenemos que.

Nunca antes había cogido en un auto. Lo recomiendo, es una maravilla.





miércoles, 28 de septiembre de 2011

Antes que la tristeza me gane...

Lo conocí una noche fría de agosto del 2006.
Llevaba una chalina, un gorrito chistoso puesto, unos guantes con los dedos libres, un andar melancólico, la mirada perdida.
¿Eres tú? le pregunté en mi mente, si juro que hice eso, no se por que pero a veces pienso que tengo un poder telepático y puedo comunicarme así con algunas personas, bueno me ha pasado con mi familia aunque lo mas probable es que sea casualidad, lo gracioso si es que tiene gracia que sin querer queriendo el chico de la chalina estaba incrementando mi demencia, por que luego de haberle preguntado ¿Eres tú? en mi mente, el levanto la cabeza como cuando escucha a alguien decir su nombre y me quedo mirando, y no contento con eso me sonrió y claro yo creí escuchar un SI, pero quizás solo fue mi imaginación o es que mi demencia se esta incrementando.
Se sentó a mi lado en la barra del Dragón, no me miro cuando lo hizo. Se saco los guantes, puso el gorrito en sus piernas y se ahorco mas con la chalina, como si corriera aire dentro del bar, cosa que no tenia sentido por que la barra estaba en un hueco dentro del bar (en la entrada hay mesitas y una pequeña pero muy pequeña pista de baile y un pequeño escenario para una de esas bandas de garaje que siempre tontean en barranco suelten sus gallos, la barra esta saliendo de la pequeña pista en una entrada que te lleva a un mueble lleno de hincadas de cigarro, mas muebles raros y claro mas gente rara.
El barman ni lo miró, ni le hablo y le sirvió un vaso de whisky, supuse que lo conocía, era un caserito y se la pasaba chupando ahí o quien sabe. Yo tenia un mojito en la mano y en la otra mi teléfono que tenia la música puesta, si tenia audífonos en el bar. El miró el whisky y se llevo ambas manos a su boca, las cerro y comenzó a soplarles como si quisiera calentarlas, yo miraba de reojo, pero miraba, sus ojos castaños estaban fijos a sus manos, pero a la vez no. También me miraba de reojo y esta vez no creo que era mi demencia.
¿Uno más? me preguntó el barman, yo acerqué mi mojito, no me había dado cuenta que lo había terminado y asentí con la cabeza, no dijo nada, no recogió el vaso y comenzó a preparar otro. El seguía contemplado sus manos, yo empecé a jugar con las mías, tomo el vaso y bebió un poco.Yo acerqué mi vaso vacío y le eche un ojito como si pudiera encontrar un regalo sorpresa en medio de la hierba buena y comencé a jugar con él, mientras me debatía en ¿Tengo que hablarle? algo en mi cabeza me dijo que sí, ¿Pero que demonios podría decirle? o sea tengo pinta de mandada pero con chicos churros me pongo torpe, ademas no había sido un buen día y traía los ánimos por el suelo. ¿Entonces? seguí jugando con el vaso, el barman seguia ignorándonos, y él ahora miraba sus uñas, sus dedos, sus palmas, tocaba su rostro, aplasto sus mejillas, saco el gorrito de sus piernas y se lo volvió a poner, se lo quito rápidamente y movió la mandíbula haciendola sonar, bebió de su vaso y me miró. Por un micro segundo, mi mirada se iba a cruzar con la de él, por mas que intente no ser tan obvia creo que no lo conseguí, me hice la loca y de cuando en cuando miraba a los demás borrachos que se acercaban a la barra a  pedir tragos, mientras claro me hacia la que tarareaba lo que sonaba en mis audífonos.
El barman dejo mi mojito en la barra, no había demorado mas de 5 minutos y eso es un récord, por que siempre demoran siglos luz en hacer uno, aunque quizás... ya tenia todo preparado, bueno quien sabe. Acerqué mi mano al vaso y con la otra disimule que leía un mensaje, claro nadie me había enviado ningún mensaje, ni siquiera el Pobre Infeliz, o sea el chico con el que en ese momento estaba, si tenia un enamoradito desde hacia un tiempo con el que me había peleado unas horas antes terminando de arruinar mi día como siempre. Seguro pensaba que me había ido a mi casa de molesta. Pero No. Yo estaba en un bar sola, con el maquillaje medio chorreado, dinero en el bolsillo y muchas ganas de hablar con ese chico raro que estaba a mi lado.
 

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