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domingo, 9 de junio de 2019

Antes que me gane la tristeza IB


Te conocí una noche lluviosa de abril. Tu cabello mojado negro, ingreso al bar de mala muerte donde nos conocimos.  Llevabas una camisa azul, unos pantalones sueltos, que hacían ver la delgadez de tus piernas. Tus ojos estaban como volados. Veías el camino, pero a la vez no.
Podía ver una nube oscura sobre ti. Un saco de papas en tu espalda. Te vi con ese caminar de héroe rendido, que fue lo que me impulso a acercarme a ti.
En ese momento me pregunte... ¿Porque siempre tengo que estar recogiendo almas en pena en el camino?
Te sentaste a mi lado y pediste un pisco sour. Lo tomaste en el primer sorbo y pediste otro. Quizás debí huir, pero en ese momento me había fijado en tus ojos melancólicos. Los vi fijamente y sentí perderme en ellos. Eran transparentes. Podía leer tu alma a través de ellos.
Se degradaban las palabras en mi boca. Quería hablarte, pero a la vez no.


jueves, 10 de enero de 2013

Esas cosas que no nos dijimos


Esas cosas que no nos dijimos
hasta ahora me quitan el aire
me provocan espasmos
me tapan los oídos
me han nublado la vista

Esas cosas que no nos dijimos
no quieren morir
bailan con el viento al anochecer
me golpean, me afligen
me hacen verte a través de mi ventana

Esas cosas que no nos dijimos
me atormentan
me arrastran
me hacen llorar
me hacen extrañarte

Esas cosas que no nos dijimos
están tan presentes, cuando no estas presente
están ahí enseñándome cosas,
formas, colores, palabras,
imágenes incoloras que duelen

Esas cosas que no nos dijimos
se aferran a mí
flotan en el mar
y te hacen brillar desde Londres
para seguir viéndote desde la gris Lima

domingo, 28 de octubre de 2012

Esas cosas que Gard no recuerda


Sus grandes ojos castaños se abren junto a mi, sus manos pálidas por la inyección presionan la mía sin fuerza.Vas a estar bien, te digo y tu no me dices nada, solo me miras y continuas presionando mi mano. El Doctor te dice que te desatará si prometes no hacerte daño, ni hacérmelo a mí. hacérselo a nadie, tu solo me miras a mi mientras tus lagrimas se disparan hacia tus mejillas pálidas. El doctor te repite la pregunta y tu asientes temblando. Cuando te sueltan, tus muñecas llevan cardenales, te habían presionado fuerte las correas, pero no te quejas, no dices nada, solo me miras con esos grandes ojos castaños que tanto amo. El doctor dice que te quedarás en observación, que te dará nueva medicación y es mejor que estés en una habitación solo, una de esas habitaciones con colchones en la pared como las que salen en las películas,  donde encierran a los que se les a volado la chaveta. Quise llorar ahí mismo, pero retuve mis lagrimas. Tú soltaste un suspiro profundo tras otro, el doctor me dijo que dormirías dentro de poco, que te habían puesto un sedante. Que no te fuerce a hablar, y lo que te diga que se algo que no te altere  que me dejara a solas contigo, pero que los enfermeros estarán cerca, pendientes de nosotros. Yo le agradezco y acaricio tu mano, mientras el doctor se va. Tus ojos abiertos como platos no se mueven, tus manos pálidas tocan presionan las mías. Tus labios resecos dicen algo pero no logro entender. Te digo que no te esfuerces, que mejor descanses. Pero tu hablas bajito, despacito, la voz te sale rasposa, triste, me dices palabras ilegibles, cosas sin sentido. Yo te miro y siento que te amo, que me duele verte mal, pero tu no me escuchas, sigues susurrando palabras que no me tocan y poco a poco te vas adormeciendo. 
Acaricio tu cabello y beso tu frente, intento decirte algo, pero no puedo, sólo te beso una, y otra vez. Tus ojos comienzan a cerrarse, esos ojos grandes y castaños que me enamoraron esa noche en el bar de mala muerte donde nos conocimos. 
Esta vez, beso tus labios y las palabras salen de ti, en un hilo apretado.

- No me dejes - dices con la voz cortándose  con tu alma yéndose a otro lado, a Boo' ya moon 
- No lo haré - te digo apretando tus manos

Pero tus ojos ya se habían cerrado y tus manos habían dejado de apretar la mía.
Mis lagrimas se escapan de los ojos, sentía que el mundo me absorbía y me llevaba a un desierto caluroso, donde ya no te vería.

martes, 17 de abril de 2012

Gard y el metropolitano


Había quedado con Gard en almorzar esa tarde. Él me recogió a las 2 en punto de mis clases de Gimnasia rítmica, tan puntual como siempre. Caminamos hasta el centro de Miraflores, tomamos té burbuja tomados de la mano, conversando y  riendo. Seguimos andando hasta Larcomar donde comimos bien rico. Luego de dar una vuelta por ahí, le dije que tenía que ir a mi casa a dejar mis cosas y cambiarme, por que en la noche nos habían invitado a la exposición de trabajos del instituto de una amiga mía. Gard que estaba de muy buen humor me dijo, que pediría un taxi para que nos lleve lo más pronto para así tener más tiempo juntos antes de la salida de la noche. Pero a mí esa tarde se me ocurrió que mejor íbamos en el metropolitano, por que iba más rápido. Gard más emocionado que nunca accedió, por que la primera vez que subimos juntos, el bus milagrosamente iba casi vacío y nos la pasamos balanceándonos en los pasa manos. Así que caminamos hasta la vía expresa y pasamos la tarjeta para bajar al paradero del metropolitano.
Todos los buses esta vez, estaban llenos. La mayoría repletos, a pesar de la hora. La cara de alegría de Gard poco a poco se convertía en la de siempre, la del higadito busca pleitos, a punto de tirarle una bomba al bus por que iba repleto y él no podía respirar bien, por que todos apestaban, todos los empujaba, todos lo miraban. Así que le sugerí que mejor salgamos de ahí y tomemos el taxi, pero el me dijo que ya habíamos pagado, y no pensaba de ninguna manera regalarle ni un sol a la municipalidad de Lima, y que íbamos a subir si o sí. Entonces paso un bus medianamente lleno al que subimos. Era la ruta A, la más larga por decirlo así, porque se estaciona en más paraderos y da más vueltas por el centro de Lima. Gard sabiendo eso, me dijo, igual llegaremos a tiempo, te pondrás linda y tendremos tiempo para ir a mi casa a que yo me ponga guapo para ti. Así que felices estuvimos de pie a la espera de que alguien se se levante para poder sentarnos. Cómo yo traía el cuerpo molido por las clases y nosotros estábamos de pie, en la parte final del metropolitano, me senté en los pies del asiento trasero del bus, avisándole a la señora que tenía adelante que iba a sentarme y por favor, no me patee. Gard sacó su libro y se pegó a mi para que nadie me empuje por delante ni me den de manazas en la cabeza al pasar. Y así estuvimos unos instantes, hasta que subió la señora con las bolsas.
Subió en el paradero de la Av. México, hablando, no, espera, gritando, si, eso es lo más cercano. Había subido junto ha una señora mayor a quien le decía "mami" y a un chico de unos 12 años, a quien le decía "papi". La señora traía cargada una cartera y una bolsa, su "mami" una cartera mas grande y pesada, junto a una bolsa pequeña que parecía ser pesada para ella. El niño tenía su mochila en la espalda, una bolsa en las manos. Y los tres tenían una talega grande que habían colocado en el medio de la subida de pasajeros, donde ellos lo rodeaban. En ese paradero, el bus se llenó hasta reventar. Una mujer sentada en la parte trasera, se levantó para darle asiento a la anciana mami, pero la señora de las bolsas que no dejaba de hablar en voz alta con su hijo, diciendole cosas de los estudios del niño, practicamente se aventó sobre el asiento empujando a la mujer que se estaba levantando y se sentó, acomodandose, mientras su madre con los paquetes la miraba apachurrada en la puerta de pasajeros. Gard abrió los ojos de indignación y pensé, ahora la jala a la tía y la avienta por la puerta, así que le pellizque la pierna para que no se meta. La señora de las bolsas al ver que los pasajeros apachurrados la miraban con ganas de querer botarla del asiento, empezó a gritar ya sentada y acomodada en el asiento: "mami, ven, sientate aquí" Pero Mami, quien estaba colgada en el pasamanos de la puerta y parecía tener casi 70 años, le decía que no, ladeando la cabeza. Entonces la señora de las bolsas empezó a hacer bulla y a hablar con la mujer que estaba sentada a su lado (esa que le dije que no me patee por que me había sentado casi en sus pies), diciendole: Mirala a ella, se cree joven mi mami ¡No se quiere sentar... Mami cuidado con la talega, agárrala bien ah, si no te sientas, la cuidas mira que aquí puede subir cualquiera y se la lleva! los comentarios de la señora de las bolsas, junto con su risa, posiblemente se escucharon hasta la parte delantera del bus. Gard quien intentaba leer, empezó a mover la pierna derecha, simbolo de impaciencia, ansiedad, ganas de matar a alguien, ¿a la señora de las bolsas? Entonces el bus siguió y yo agarraba la pierna de Gard para que deje de temblar, pero era imposible. La señora de las bolsas y su hijo empezaron una nueva plática a gritos, donde el niño le exigía que le haga la tarea de ingles, por que tenía que presentarla hoy mismo y no la había echo. La señora de las bolsas le dijo que no se preocupara, que iban a llegar temprano, una media hora antes, que ahí le podía hacer la tarea. Pero el niño mas conocido como "papi" insistía que le haga la tarea ahí mismo, por que estaba sentada sin hacer nada y su tarea necesitaba hacerse. Así que a gritos comenzaron a discutir, donde estaban los dichosos cuadernos y libros de ingles. La señora de las bolsas abrió sus paquetes, jaló a su anciana madre a que busque en los suyos y por ultimo, el niño abrió su mochila y la talega que tenían en el suelo. No estoy segura en que paquete o bolsa encontraron los cuadernos y libros, pero estos aparecieron como arte de magia en las manos de la señora de las bolsas quien los había esparcido sobre su regazo incomodando a las personas que estaban sentadas a su lado. Yo que seguía luchando por controlar los nervios de la pierna de Gard quien me hacía muecas de querer matar a la tía esa, sentí una mano en el hombro que me empezaba a palmear. ¿Gard? pensé y lo miré, pero este tenía la vista fija a la señora de las bolsas. Era ella quien empezaba a darme palmadas en el hombro, mi hombro adolorido, diciendo: Mira papi, siéntate aquí (en el piso de sus pies) igual que la señorita (con la palma aún dándome en el hombro). Gard le lanzó una mirada asesina y la mujer sacó de inmediato la mano de mi hombro. Yo voltee y la miré de mala gana sin decirle nada. Aferrando la pierna de Gard, para evitar que se lance encima de la mujer y la golpee. Así que le di un pellizco más, y le pregunte ¿Ya murió la niña que se aferraba a la zapatilla? El me miró con los ojos abiertos y le dije que eso pasaba en el libro que leía, me dijo que no, que aun no pasaba y retomó la lectura, pero claro eso no duró mucho. El bus llegó a la estación central en el centro de Lima, donde la señora que si se movía me pateaba, se levantó junto a su hijo y yo me levanté de los pies para sentarme. Fue ahí donde la señora de las bolsas, que en ese momento seguía con los cuadernos de su hijo en las manos, los lanzó sobre los asientos diciendo ¡Mami, sientate aqui, ven papi, sientense, hay asiento para ustedes! Yo que traía el cuerpo molido, realmente destruido y quería sentarme, moví suavemente los cuadernos y me senté en una de las sillas, con ayuda de Gard. La señora me lanzó una mirada fea y luego dijo: Mi pobre papi, debería estar sentado. Gard la miró y le dijo, entonces dele el asiento Usted. La mujer siguió hablando en voz alta con su madre, mientras la sentaba e hizo caso omiso a Gard. Yo sostuve la mano de Gard y se la apreté sonriendo, mientras le decía, ya llegamos, no falta nada. Fue ahí donde la mujer sentada a mi lado (no la anciana mami, si no, la otra) se levantó y Gard al fin se sentó. La mujer de las bolsas empezó a hablar en voz alta: Papi, ven siéntate donde estoy yo, mi pobre hijito, te debe doler todo el cuerpo, todo lo que haz trabajado, tan temprano se despierta mi hijo. ¡Por que el viene de estudiar! si nada de estar ahí con la enamoradita, mi bebe precioso... Gard abrió mucho los ojos y me miró con cara de ¿que le pasa? Pero sostuve su mano con fuerza y lo hice retomar su libro. En el siguiente paradero, se levantó la mujer sentada a lado de la mujer de las bolsas y fue ahí, donde el libro de ingles voló al asiento, no sin antes golpear a una chica en la cara, que pretendía sentarse. Ah no mamita, ahí se va sentar mi hijo, ven papi siéntate, el asiento esta reservado, ven hijito. La chica se sobó la cara y se quedo con la boca abierta sin decir nada, mientras alguien la apachurró más hacia la puerta. El rostro de Gard cada vez se veía mas rojo.El bus al fin se acercó a nuestro paradero, yo apreté la mano de Gard y le dije, listo vamos. En eso la señora de las bolsas comenzó a gritar, al escuchar que el bus anunciaba el siguiente paradero y comenzó a preguntar: ¿Aquí bajo para Honorio Delgado? ¿Aquí es? Como nadie le respondía, comenzó a darle palmadas en la espalda y el hombro a todos los pasajeros que se movían y bajaban del bus, incluidos Gard y yo.
Fue ahí, donde Gard tomó con ambas manos la talega de la señora de las bolsas que estaba en medio de la puerta de entrada y la sacó del bus, produciendo mas gritos de la señora de las bolsas, pero esta vez gritando: ¡ Ladrón! Gard tiró la bolsa en el paradero, donde mami y papi miraron asombrados a la señora de las bolsas casi lanzarse sobre Gard, para impedir que se lleve su talega. Claro, Gard no quería la talega, quería callar a la vieja esa, quien bajó del bus a recogerla y este avanzó dejándola en el paradero en el que bajamos, gritando como una loca.

- Va a llamar a seguridad - le dije
- ¿Y? Si alguien dice algo, le digo que la tía me dijo que la ayude a sacar su bolsa
- Eres la muerte
- Anda, vamos, que se nos hace tarde - dijo apretando mi mano.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Antes que la tristeza me gane...

Lo conocí una noche fría de agosto del 2006.
Llevaba una chalina, un gorrito chistoso puesto, unos guantes con los dedos libres, un andar melancólico, la mirada perdida.
¿Eres tú? le pregunté en mi mente, si juro que hice eso, no se por que pero a veces pienso que tengo un poder telepático y puedo comunicarme así con algunas personas, bueno me ha pasado con mi familia aunque lo mas probable es que sea casualidad, lo gracioso si es que tiene gracia que sin querer queriendo el chico de la chalina estaba incrementando mi demencia, por que luego de haberle preguntado ¿Eres tú? en mi mente, el levanto la cabeza como cuando escucha a alguien decir su nombre y me quedo mirando, y no contento con eso me sonrió y claro yo creí escuchar un SI, pero quizás solo fue mi imaginación o es que mi demencia se esta incrementando.
Se sentó a mi lado en la barra del Dragón, no me miro cuando lo hizo. Se saco los guantes, puso el gorrito en sus piernas y se ahorco mas con la chalina, como si corriera aire dentro del bar, cosa que no tenia sentido por que la barra estaba en un hueco dentro del bar (en la entrada hay mesitas y una pequeña pero muy pequeña pista de baile y un pequeño escenario para una de esas bandas de garaje que siempre tontean en barranco suelten sus gallos, la barra esta saliendo de la pequeña pista en una entrada que te lleva a un mueble lleno de hincadas de cigarro, mas muebles raros y claro mas gente rara.
El barman ni lo miró, ni le hablo y le sirvió un vaso de whisky, supuse que lo conocía, era un caserito y se la pasaba chupando ahí o quien sabe. Yo tenia un mojito en la mano y en la otra mi teléfono que tenia la música puesta, si tenia audífonos en el bar. El miró el whisky y se llevo ambas manos a su boca, las cerro y comenzó a soplarles como si quisiera calentarlas, yo miraba de reojo, pero miraba, sus ojos castaños estaban fijos a sus manos, pero a la vez no. También me miraba de reojo y esta vez no creo que era mi demencia.
¿Uno más? me preguntó el barman, yo acerqué mi mojito, no me había dado cuenta que lo había terminado y asentí con la cabeza, no dijo nada, no recogió el vaso y comenzó a preparar otro. El seguía contemplado sus manos, yo empecé a jugar con las mías, tomo el vaso y bebió un poco.Yo acerqué mi vaso vacío y le eche un ojito como si pudiera encontrar un regalo sorpresa en medio de la hierba buena y comencé a jugar con él, mientras me debatía en ¿Tengo que hablarle? algo en mi cabeza me dijo que sí, ¿Pero que demonios podría decirle? o sea tengo pinta de mandada pero con chicos churros me pongo torpe, ademas no había sido un buen día y traía los ánimos por el suelo. ¿Entonces? seguí jugando con el vaso, el barman seguia ignorándonos, y él ahora miraba sus uñas, sus dedos, sus palmas, tocaba su rostro, aplasto sus mejillas, saco el gorrito de sus piernas y se lo volvió a poner, se lo quito rápidamente y movió la mandíbula haciendola sonar, bebió de su vaso y me miró. Por un micro segundo, mi mirada se iba a cruzar con la de él, por mas que intente no ser tan obvia creo que no lo conseguí, me hice la loca y de cuando en cuando miraba a los demás borrachos que se acercaban a la barra a  pedir tragos, mientras claro me hacia la que tarareaba lo que sonaba en mis audífonos.
El barman dejo mi mojito en la barra, no había demorado mas de 5 minutos y eso es un récord, por que siempre demoran siglos luz en hacer uno, aunque quizás... ya tenia todo preparado, bueno quien sabe. Acerqué mi mano al vaso y con la otra disimule que leía un mensaje, claro nadie me había enviado ningún mensaje, ni siquiera el Pobre Infeliz, o sea el chico con el que en ese momento estaba, si tenia un enamoradito desde hacia un tiempo con el que me había peleado unas horas antes terminando de arruinar mi día como siempre. Seguro pensaba que me había ido a mi casa de molesta. Pero No. Yo estaba en un bar sola, con el maquillaje medio chorreado, dinero en el bolsillo y muchas ganas de hablar con ese chico raro que estaba a mi lado.
 

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