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domingo, 9 de junio de 2019

Antes que la tristeza me gane II

Puedes leer la primera parte aquí: https://carolinatasayco.blogspot.com/2011/09/antes-que-la-tristeza-me-gane.html


Un cúmulo de sonidos retumba nuestros oídos al caminar de la mano corriendo por las calles. No tengo idea cómo hemos llegado a este momento, pero acá estamos, sonriendo y corriendo por las calles de Barranco. Por un momento las calles no sé ven grisáceas cómo son en realidad . Emergen luces de las paredes, la pista, la vereda, la gente que pasa junto nuestro.
Él no me dice nada, es más, no me ha dicho nada desde que salimos del Dragón y yo no le digo nada tampoco, porque temo romper la magia del momento. Entonces nos adentramos en la oscuridad que ahora vemos llena de luces y nos miramos unos instantes.

- ¿Donde esta tu carro? - le pregunto
- No puedo manejar así. Siento que me voy a morir - dice riendo.
- Yo manejo - le dijo, sin saber exactamente por que, dado que no tengo brevete ni se manejar bien

El rebusca el bolsillo de su pantalón grueso (porque es friolento) y me da las llaves de su auto. No tienen llavero.

- Esta en la esquina - dice señalando a un auto azul, pequeño, gracioso.

Nos acercamos con las manos enlazadas. Él se ríe de tanto en tanto y yo también, aunque no sé porque se ríe él. Cuando llegamos al auto, el tropieza con una piedra y cae de cruces sobre el auto. Yo no lo sostengo. El se ríe otra vez y siento que empiezo a cobrar la conciencia, pero no del todo. Sube, le digo quitando el seguro al auto y él obedece.

- ¿Donde vives?
- Jesús María, pero vamos a Miraflores
- ¿A que parte?
- Alcanfores, al departamento de mi novia
- Ok, te dejo ahi entonces
- No, no me dejes, quedate conmigo - dice mientras coge con ambas manos mis muñecas y me besa. Es un beso fuerte, intenso, cargado de cerveza
- No - le digo separándome - te dejo y ya
- Vamos, va a ser divertido coger en la cama de esa huevona
- Estás loco - digo encendiendo el auto
- Si quieres vamos a Chorrillos y cogemos en la cama de tu novio ¿que dices?
- No es mala idea, pero posibemente saque un arma y nos mate
- Eso me temí.

Encendí el motor con las llaves y lo miré.

- Ok, entonces ahí será

El se me acercó y me beso, fue un beso dulce, muy dulce. Yo no aguante y le toque el pito. Él sonrió, me miró y dijo

- También podríamos hacerlo en el auto
- Tenemos que.

Nunca antes había cogido en un auto. Lo recomiendo, es una maravilla.





sábado, 30 de marzo de 2013

Esto nunca fue amor



Estoy en un hotel con mi enamorado. Y hasta ahora no entiendo cómo accedí a venir aquí. No quiero acostarme con él, pero tampoco tengo el coraje de decirle que no. Él ahora está sacando condones del dispensador y yo sólo pienso en que me quiero ir. Tengo miedo, esta sería mi primera vez y no estoy segura de que quiero que sea con él. Ahora ha entrado a la habitación y me besa, me toca el cabello, las piernas. Yo trato de frenarlo, pero ya me lanzo a la cama y está quitándose la ropa. Le digo que necesito ir al baño, me dice que me calme, que me quiere. Corro y me encierro. Él está en la puerta esperándome. No quiero salir. Orino por tiempos, estoy echa un manojo de nervios. El abre la puerta del baño, olvide ponerle seguro. Me saca de ahí, me besa, me lleva a la cama. Dice que no haremos nada si no estoy segura, pero a la vez me está abriendo la blusa. Le digo que mejor nos vamos, me dice que ya pago el hotel. Ahora él está desnudo, y me besa tan fuerte que me duele. Me ha quitado la blusa y el sostén. Yo lucho por que no termine de arrancarme los pantalones. Al final lo logra y quedo solo en calzón. Ahora se echa a mi lado y me acaricia. Cálmate tontita, me dice y me besa otra vez. Yo lo beso temblando, y sin darme cuenta quedo desnuda. Ahora intenta penetrarme, le digo que mejor no, que me duele. Intento levantarme, pero no me deja, se echa encima de mí y sujeta mis muñecas. Bésame, me dice mientras insiste una vez más. Lo empujo, pero él me jala, me echa en la cama, me abre las piernas. Grito, pero él me dice que me calle, que demuestre que lo quiero. Le digo que no quiero hacerlo, que mejor nos vamos, pero él ya está acomodando sus piernas entre las mías, forcejeándome, hasta que siento un dolor insoportable. Ha entrado en mí y una lágrima se escapa de mi ojo derecho. Él sonríe y se mueve despacio, luego rápido. No puedo más con el dolor, quiero llorar, pero me da vergüenza. ¿Cómo se puede llamar a esto hacer el amor, si sólo el disfruta mientras yo me desgarro? Por un momento la saca y me siento aliviada, me quiero levantar, pero él me lo impide. Se está poniendo el condón. Le digo, que me siento mal. Él dice que me calme, que ya va a terminar, que me deje llevar. Vuelve a penetrarme y siento que los muslos van a explotarme de dolor. Basta por favor, le digo. Pero el sigue encima de mí moviéndose sin escucharme. Al fin termina. Se suelta de mí y me queda mirando raro. Tú no eres virgen, me dice. Yo le digo que lo era hasta hoy, me levanto de la cama con dolor. Él me da la espalda y comienza a ponerse la ropa. Si fueras virgen, sangrarías, lo único que has hecho es un teatrito. Yo lo miro y no me la creo. Asustada y llena de dolor me meto al baño. Me arde todo, pero más que nada me duelen sus palabras. Hago pis y al secarme veo sangre en el papel. Abro la puerta del baño y se lo muestro. Mira, si he sangrado, es mi primera vez. Pero él mira con recelo el papel. Ya con la ropa puesta, solo atina a decirme: Apúrate si quieres que te acompañe a tomar tu carro, tengo cosas que hacer. 

- carolinatasayco, 2013

domingo, 10 de marzo de 2013

Aquello que no me diste



Cuando las vi, yo estaba feliz. Había pedido un jugo de fresa, galletas y estaba junto a un grupo de personas algo locas cómo yo, con las que me reía sin parar. Pero llegó un momento en el que tuve que ir al baño y camino a este las vi.
A pesar de su tamaño, se posaron cómo una sombra negra sobre mí y borraron mi sonrisa de inmediato. Ya habían pasado un par de meses desde la última vez que sabía noticias sobre aquello. Y el saber sobre esto, más que odio o cualquier otra cosa, me provocaba dolor. No me malinterpreten, nadie me dejo plantada sobre el altar, me botó del trabajo, termino conmigo, ni tuve un aborto o me sacaron la vuelta. No. Simplemente alguien me ilusionó con lo que más quería en la vida y luego… dijo “no”. Aunque ahora que lo pienso, quizás ese dolor sea comparable a todos los que he mencionado.
Pues ahí estaba yo, de pie frente aquellas postales que mostraban aquella marca, de aquella vez, de aquella oportunidad, de aquellos sueños rotos, de aquellas ilusiones destrozadas con una mirada esquiva, con el rostro duro, pesado, cayendo sobre mí en un falso beso.

-   Si quieres hazlo, por mí no hay problema, pero… bueno, vas a tener que…
-     ¿Mejor porque no me dices que no? Total, está escrito en tu rostro
-   Mira, mejor hay que darle tiempo al tiempo, ahora todo está muy difuso… ¿entiendes?
-   Entiendo que eres un pelotudo, nada más
-   Oye tampoco me ofendas
-    No soy oye, no puedo creer que me hallas mentido
-   No te he mentido, ya te he dicho hazlo nomás, o sea hazlo yo no tengo tiempo para ocuparme de eso, así que mira, mejor…
-   Mejor te vas a florearle a otra persona
-   No, Jules, no te pongas así – dijiste posando tu pesado rostro, tus labios usados, maltrechos, arrugados sobre los míos – entiende que mejor le damos tiempo a que las cosas se calmen
-   Por eso las mujeres te dejan, eres un pelotudo – dije con la poca dignidad que aún me quedaba y salí de su auto.

Las toque, casi acaricie que fue lo peor y saque una. Anunciaba algo que debió ser mío, algo que ahora pertenecía a alguien más y el dolor se hizo más profundo. Sin exagerar, sentí como si me hubieran apuñalado el pecho, justo donde tenía esa herida que nunca terminaba de cicatrizar. La devolví al estante donde había casi cien de ellas y corrí al baño. No lloré. No pude gritar en voz alta. Pero grite tanto para mis adentros, que la garganta me comenzó a arder. ¿Por qué? Me pregunté, esperando que alguna de las voces de mi cabeza me diera una respuesta sensata, pero ninguna lo hizo. Así que me eche agua en el rostro, oriné, lave mis manos y salí del baño para rencontrarme con aquellos personajes con los que hasta hace poco estuve riendo sin parar.
En algún momento la risa entre todos fue insostenible y decidimos salir de dicho café cultural que más parecía una discoteca por el volumen de la música, a algún lugar más tranquilo para seguir conversando tonterías. Fue ahí, antes de pagar que pensé: ¿A caso tengo que dejarlas ahí, vivitas y coleando para que todos puedan llevarlas a casa? ¿Qué me impide sacarlas de ese estante? ¿Alguien se daría cuenta?

-    ¿Ariel?
-   ¿Sí?
-   ¿Me ayudas a hacer algo y no dices nada hasta que concluya con el cometido?
-   ¿Me vas a besar?
-    Quizás después, ahora quiero un favor – dije tocando su muñeca y jalándolo al estante
-   Ten – dije cogiendo en mis manos las cien postales – escóndelas
Se levantó de inmediato el polo negro y metió las postales debajo de su pantalón. Bajo el polo y salió del café, seguido por mí.
-   Ven, vamos al basurero
-    ¿vas a botarlas? Al menos déjame ver una – dijo sacándolas de su escondite
-    Es una larga historia, algún día te lo contaré – dije quitándoselas y arrojándolas al basurero.

Dentro del tacho público, las postales me miraban rendidas. Y yo sentía una victoria al verlas desechadas, sin la posibilidad de que alguien que no sea el basurero pueda verlas. En ese momento, la cicatriz imaginaria en mi pecho, comenzó a escocerme, pero no le hice caso y salí de ahí.
Ha pasado ya un mes de la primera vez que boté aquellas postales. Y en todo ese mes, no me he cansado de visitar cada bar, tienda, café y restaurante donde tengan estantes con postales en todo Miraflores y San Isidro. Siempre es lo mismo. Voy con amigos, me mato de risa con ellos, pido alguna comida feliz y desaparezco las postales. Cada vez que las veo en el basural, me prometo que será la última vez, que me voy a olvidar del tema y las tengo que dejar pasar. Pero no puedo. Simplemente no puedo. Las veo ahí, todas felices, riéndose ante todos, riéndose de mí. Y me dan ganas de cortarlas en pedacitos, pero cómo no puedo, sólo atino a desecharlas y luego correr a los brazos de alguno de mis acompañantes, mientras prendo un cigarrillo y lo sostengo entre mis labios temblorosos. Nunca más repito, pero sé que es inútil por ahora. La cicatriz no deja de escocerme. Más aún ahora, que mientras escribo esto en un café miraflorino, las postales sobre su estante, no paran de reírse de mí.

domingo, 27 de enero de 2013

Delirios de la mujer que amó demás



Nunca me importó el amor hasta hoy, dijiste con tus labios pintados de rojo.
A veces pienso si realmente me importa el amor, o es sólo el deseo de querer estar contigo. Contigo, repetiste aun sonriendo más.
Si fuera amor, quizás esto no sería egoísta. Al decir esto bajaste la cabeza y te miraste los zapatos de tacón.
Tengo miedo que al calmar mis ansias pierda todo. Parecía que tus uñas iban a arrancarte la piel. Te pellizcaste tan fuerte que hasta yo me asusté.
Tengo miedo que te vayas. Cuando dijiste eso, me fije que tus ojos parecían a punto de estallar en llanto.
Ayer fue tan bonito todo. Ahí tu sonrisa volvió. Pero tus ojos siguieron tristes.
Aunque no sé. Te miraste otra vez los zapatos.
Quizás sólo sea mi imaginación. Acariciaste tus manos lastimadas.
¿No? Dijiste mirándolo a lo lejos.
No, no es mi imaginación. Le sonreíste a lo lejos.
Esos momentos vuelven a mi memoria, vuelven tus miradas, vuelven tus besos, tus manos calientes, mis manos frías. El café Dellaville, testigo de todo lo que somos. Ahí fue donde una lágrima tuya rodó por tu mejilla. Tus uñas se clavaron otra vez en tu piel.
Y yo pensando en cosas que no son. Te secaste la lágrima y sonreíste.
Sería increíble DESAPARECER SÓLO 5 MINUTOS. Tu sonrisa creció.
Desaparecer contigo. Creció más.
SÓLO CINCO MINUTOS. Casi gritaste, pero él no te oyó.
Dame un poco de tu tiempo. Ahora mejor ya no me contestas. O contesta lento, tarde. Siempre contestas tarde. Tu sonrisa se borró de repente de tu rostro.
YA NO HAGAS NADA. Le gritaste.
Ya hiciste mucho, ya diste mucho. Dijiste en voz baja. Un susurro. Parecía que te hablabas a ti misma.
Estás desapareciendo cómo un mal recuerdo. Tus ojos se abrieron al decir esto. Yo me asusté.
Un recuerdo insano. Al pronunciar esto, tu labio inferior comenzó a temblar.
Delirante. Dijiste sonriendo.
Audaz. Te demoraste en pronunciar la zeta. El seguía sin verte.
Un recuerdo que lo fue todo y quizás nunca fue nada. Él volteo, pero no te miró. Tú empezaste a temblar por completo.
Aun te sueño a escondidas de mi cordura. Tus brazos, abrazaron tu cuerpo frágil. Tus uñas se clavaron cómo tenazas en ellos.
Aun te extraño a medias. Tu voz se apagaba poco a poco.
LA LLAGA ESTÁ ABIERTA. Gritaste. Parecías muerta de dolor.
DÉJALA CICATRIZAR, POR FAVOR. Chillaste. Tu piel sangraba. Él te miro a lo lejos. Cruzó un par de palabras con la policía y se fue. Tú cuerpo frágil cayó al suelo. Le sonreíste a lo lejos y lloraste en silencio.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Lara [Cuento para Literatura Creativa III]

Apareciste a medianoche en la puerta de mi casa. Estaba lloviendo pero a ti no te importaba no usar nada encima para protegerte de la lluvia, llevabas un polo a tiras y una minifalda.
Te pregunté si habías tomado algo y dijiste que no visiblemente borracha, que estabas perfectamente bien, que querias hacer algo, que me cambie y vayamos a barranco. Te dije que no tenia ganas, que tenia sueño por que había estado escribiendo todo el día, que mejor entres a mi casa y pases la noche conmigo. Te enojaste, me dijiste que siempre estaba cansada, con sueño aburrida, que no quería salir contigo nunca, que no te daba la atención que requerías. Te dije que no eras mi hija y que si querías irte a chupar lo hagas sola, por que yo tenia sueño y nada de ganas de aguantarte. Entonces te enojaste, me gritaste e insultaste y juraste nunca mas volver a verme.
Una semana después, te volvi a ver, no fue casual, yo habia ido a ese bar que tanto te gusta por que quería hablar contigo, a pesar de todo lo que me habías echo, te había echo, quizás nos habíamos echo, te extrañaba. Ahí estabas, tu cabello desordenado, tu cuerpo balanceándote, la ropa desgarbada. Habías tomado mas de la cuenta, como siempre, no coordinabas las palabras, estabas junto a un grupo de tipos que no dejaban de comerte con la mirada. Te salude y me miraste con desprecio, te dije que quería hablar contigo y me dijiste que no te daba la gana. Pedi un trago y empece a tomar a tu lado, tu me mirabas de reojo, yo trataba de no mirarte. Cuando bebi mi segundo trago te sentaste a mi lado y me quedaste mirando. ¿Que quieres? preguntaste, te dije que hablar contigo, me dijiste que ya no habia nada que hablar, te dije que te extrañaba, tu te reiste y me dijiste que seguro me habían choteado alguna de las putas con las que salia, que por eso te buscaba, te dije que no era así aunque en parte era así, te reiste mientras tomabas tu trago, se te resvalo en la boca y por limpiarte el vaso se derramo en tu pecho. Te dije que dejaras de tomar y vayamos a mi casa, tu accediste no se si por que querias estar conmigo o por que temias desmayarte en cualquier momento y te violen entre todos los del bar. Cuando llegamos al fin te desmayaste. Te puse uno de mis pijamas y te metí a la cama. Dormiste hasta pasado el medio día. Fue ahí donde me fije en tus cicatrices. Eran nuevas, al igual que los cardenales que estaban en tu cuerpo. Quise preguntarte que te había pasado, pero temí que huyeras. Te traje algo de comer y pasamos toda esa tarde frente al televisor sin prestarle atención. Fue una tarde linda, tranquila, feliz, una de esas tardes en las que te sentí tan mía y tú me sentiste tan tuya.

martes, 21 de febrero de 2012

Serie Antiheroínas

No sé cuantas veces ya eh hablado de su proximo lanzamiento, pero esta vez, ya va.
Eh estado investigando un monton, hablando con chicas confundidas que sin darse cuenta me han contado cada rollo que portaran las protagonistas. Realmente espero que sea de su agrado, por que es una de las chambas que mas me ha gustado escribir, sobre todo por que no tiene nada que ver con Frank y Gerard penetrandose mutuamente.
Por lo pronto, subiré unos adelantos de una de las historias, la primera.
Espero esten atentas o las cocinaré vivas.

C.T.

sábado, 29 de octubre de 2011

Terapia 1

Están deprimidos.
Fue lo que nos dijo el terapeuta.
Leonardo se quedo mirándolo y le dijo que le diga algo que no supiera. Yo no hice ningún gesto, no dije nada, solo los escuchaba, sabia que Leonardo iba a pelear con ese pobre hombre, que se iba a enojar con él por que nos ha hecho gastar dinero y tiempo en ir a su consulta para que nos recuerde que estamos deprimidos.

- ¿Que tipo de medicamentos toma Leonardo?

Yo los escuchaba y decía, ahora Leonardo le sacará todas sus recetas médicas,  le buscara discusión, llegaremos a la casa y llorara hasta la media noche y cuando piense que se ha dormido se despertará con una crisis paranoica diciendo que alguien lo matara o se va a morir si duerme.

- Acá traje unas recetas

Solo se las entrego, le explico detalladamente sobre que son por que son y para que son, pero no le busco discusión, eso me sorprendio un poco, pero pensé que quizas estaba buscando el momento preciso para armar alguno de sus escandalos. El terapeuta lo escucho en silencio, leyo todas las recetas que tenia (eran bastantes, las colecciona) y me miró a mi.

- ¿Dime Penny, que te parece que Leonardo tome tantos medicamentos?
- No sé, tiene que tomarlos supongo, aunque a veces no los toma
- Si los tomo - se metió él y no me sorprendio, ahora venia lo bueno, el no puede vivir sin discutir
- No siempre, a veces no tienes fuerzas, ni ganas o te olvidas y te pones mal - dije con mi cara de niña buena
- Eso es una vez al año - dijo Leonardo
- Una vez al año son las veces que nos vemos - le digo
- ¿Ustedes son esposos, novios, enamorados? si lo pregunto es por que no me lo definieron, solo dijeron que eran pareja
- Nos vamos a casar - dijo Leonardo sonriendo- estamos comprometidos
- No, no lo estamos - dije yo
- ¿Están o no comprometidos? - pregunto el psicólogo
- Lo estábamos pero eso se terminó, ahora no hay ningún compromiso de por medio

Leonardo me miró con los ojos muy abiertos, pensé que me gritaría por que esa cara tenia, pero no me dijo nada, solo se quedo mirándome feo como si quisiera matarme con la mirada. A mi no me importo, la verdad es que estaba disfrutando este momento, total fue el quien propuso venir ha terapia, exactamente me obligo a venir por que decía que no entendía por que estábamos así de sosos. Yo en ese momento le pude contar algunas cosas que me pasaban y nos ahorrábamos el viaje a la terapia, pero preferí callarme por que odio hablar sola y quizás la terapia pueda ayudarnos, aunque dudaba de eso... El ya no es el Leonardo que conocí hace años en un bar de barranco, era otro, las pastillas, los doctores, la policía, los gritos, la sangre, todo lo mato, lo convirtió en un fantasma del hombre del que me enamoré esa noche.

- ¿Conviven?
- Bueno, no vivimos juntos casi todo el año, el vive en Italia la mayor parte - dije
- ¿Por que?
- Por trabajo y por que ella no me soporta
- La palabra era no nos soportamos, pasaron unas cosas hace años y por eso nos separamos, ambos nos queríamos pero yo no podía verlo mas y supongo que el también aunque nunca me dijo eso, luego intentamos arreglarlo, pero el había comenzado a ir al psiquiatra y tomaba pastillas, cuando el medico le corto la medicación el no la dejo, y busco otro medico y otro y otro y ahora es adicto a los antidepresivos, ansioliticos y todo eso...

Yo hablaba y Leonardo no me interrumpía como era su costumbre, seguía sentado casi echado en la silla mirando el vacio, parecía no escuchar nada de lo que yo decía cosa que no me sorprendía, así que aproveche y segui contándole al terapeuta todo lo que tenia ahí dentro escondido, quizás podia... ayudarnos, quizás no todo estaba perdido.

- Yo quería ayudarlo, por que a veces tengo complejo de madre o de heroína o algo así, claro también por que lo amaba y no quería verlo mal
- ¿lo amabas?
- todo por partes, déjeme terminar - dije y Leonardo seguía sin inmutarse - el había dejado de escucharme, ya no eramos lo de antes, entonces discutíamos mucho y preferí que el trabaje allá a tiempo completo y seguimos con nuestras vidas o al menos lo intentamos
- Leonardo ¿tienes algo que decir sobre lo que acaba de decir Penny?

Levantó el rostro después de un buen rato, ahí me di cuenta de que si había estado escuchando todo lo que había dicho y me asuste un poco por su reacción, temí que saque un cuchillo y comience a cortarse el brazo ahí mismo o peor aun comience a apuñalar al terapeuta antes de que se suicide dejandome a mí como la loca asesina.

- ¿Ya no me amas, verdad? - me preguntó
- Vamos Leo, no empieces
- No me amas, estas conmigo por pena
- No, estoy contigo por que pensé que podríamos superarlo y seguir adelante y ser los de antes o mejor, pero... ya vez como están las cosas
- Dilo, que no te de pena, no me amas
- Leonardo no haces el mínimo esfuerzo para actuar como una persona normal, eres un saco de huesos que no deja de llorar, no eres capaz de enfrentar las cosas, no puedes superar nada de lo que ha pasado
- Tu frase de Stephen King, en fin se que es mi culpa, lo arruiné todo
-  No es toda tu culpa, supongo que yo aún traía heridas sin cicatrizar, y quizás aun queden algunas, pero al menos... - ahí me interrumpió
- Descuida Penny, yo tampoco te amo como antes - dijo

En ese momento pensé que si habia un cuchillo en la sala, lo usaría yo contra él ¿Tenia que traerme a un maldito terapeuta para decirmelo? ¿Acaso cree que no tengo nada que hacer? Maldita sea, tengo un monton de trabajo que hacer y estoy perdiendo el tiempo con un terapeuta. Lo mire con todo el odio que me permiti en ese momento, con unas enormes ganas de golpearlo y preguntarle a donde mierda quería llegar trayéndome aquí.

- ¿Eso es cierto Leonardo? - le pregunto el terapeuta
- Yo... - las lagrimas no lo dejaban hablar, entonces el terapeuta se dirigió a mi
- ¿Penny, cuanto tiempo llevan juntos?
- No lo sé
- ¡5 años y medio! - gritó Leonardo
- ¿Crees que podrían hacer un esfuerzo por recuperar la relación que tenían antes? - me pregunto el terapeuta alcanzandole papel tissue a Leonardo
- Estando como están las cosas, no lo creo - dije
- Yo tampoco - se metió Leonardo - yo no puedo arreglar mi relación por que yo soy un desastre y no estoy bien conmigo mismo
- Mire, yo no soy su madre, estoy cansada de ser su madre, joder todas las noches es lo mismo, llora y le dan ataques paranoicos terribles, ¿ve mis ojeras? no duermo bien desde que el volvió de Italia
- Lo siento, pero tampoco es fácil dormir con alguien que se la pasa pensando en alguien mas siempre
- ¿De que demonios hablas?
- Mejor olvídalo
- ¿Quieres hablar de eso Leonardo?
- Después, ahora estoy muy lloroso
- Leonardo con quien vives en Italia
- Al comienzo viví solo, pero intenté suicidarme, entonces mis padres me internaron en un sanatorio y luego cuando me dieron de alta, volví a vivir con ellos
- ¿Los medicamentos los tomas desde que te internaron?
- Si
- ¿Hace cuanto fue eso?
- No sé 4 años quizás
- ¿Por que quisiste matarte?
- Por que mi hijo había muerto y yo era el culpable
- ¿Quieren hablar de eso?
- No, joder Leonardo te odio, te juro que te odio, ¿sabes que? mejor quédate tu solo, acá el que necesita terapia eres tu, a mi se me quita la depresión comiendo chocolates

Me paré de la silla y el se lanzo encima mío. No fue amable al jalar mi brazo, me lastimó. Levante la mano para golpearlo y el la contuvo y me miro.

- Tenemos que hablar de esto Penny
- No, vete a la mierda
- Quizás te venga bien hablar de ello, parece que aun estas enojada con Leonardo
- ¿Enojada? acabo de decirle que lo odio, creo que son palabras mayores
- ¿No haz perdonado aun a Leonardo?
- No
- ¿Quieres hablar de lo que paso?

Las lagrimas se escaparon de mis ojos. Toque mi vientre vacío, inerte, sin vida. Habían pasado 4 años, pero no podía olvidarle, no podía. Luke ya no estaba aquí y yo me había ido con él, Leonardo no era el único saco de huesos, también lo era yo.

viernes, 7 de octubre de 2011

La sonrisa que nunca fue para mí

Conozco a Lucia desde hace 5 años , hemos sido buenas amigas, buenas desconocidas, buenas compañeras y siempre hemos sonreído juntas aun cuando yo no tenia ganas y lo hacia para que ella este feliz.
Cuando la conocí estaba con un tipo de medio pelo, de acuerdo tiene trabajo una carrera profesional exitosa, pero cuando digo medio pelo me refiero a que es el enamorado menos indicado para alguien como Lucia. Es un chico mimado que siempre cree tener la razón, mandonea a quien quiere, y sobre todo a Lucia. Si el se quedaba a dormir a su casa, ella debia de despertarlo, tener listo su cepillo con pasta dental, toallas limpias y navaja de afeitar nueva. Para el desayuno era lo mismo, sus huevos revueltos, sus tostadas francesas, jugo de naranja echo a mano (nada de cajitas de frugos ni esas cosas) y claro una buena disponibilidad de estar con las piernas abiertas por si a el le provocaba echar un polvo. Pero eso puede sonar no tan malo a todo lo demas, no solo pensaba que Lucia era su madre, si no tambien su empleada, la mandoneaba cada vez que podia, le habla en mal tono y cuando peleaban ella siempre terminaba pidiendo perdón. El maltrato psicológico dió pie al físico. Yo pocas veces escuchaba esto salir de su boca, todo lo sé gracias a mi buen oido y a que presto atencion a cada detalle, a cada palabra que salia de su boca. Yo queria ayudarla, que lo deje, que sea feliz, feliz conmigo. Pero tambien sabia que eso... estaba fuera de mi alcance, pero ¿por que no intentarlo? Quede con ella una noche decidida a decirle que moria por ella, pero esa noche se convirtio en noche de lamentos y solo hablo ella, hablo de todo lo que le pasaba, lo mal que se sentia, lo perro que era su enamorado. Yo la escuchaba y queria decirle, dejalo cariño, dejalo y quedate conmigo, pero no me atreví. El le envio un mensaje esa misma noche y ella empezó a olvidar todo lo que me habia dicho instantes antes. Iban a volver, lo sabia, y no hice nada, no dije nada. Volvieron y en la reconciliación ella quedo embarazada. Cuando me lo dijo, cosa que no fue necesaria por que yo ya lo sabia desde antes y no por que lo halla escuchado, si no por que lo sentía, lloré, lloré delante de ella, llore por ella, llore por mi. Ella estaba feliz y me decia eres muy sensible, yo le decia que lo era, que la felicitaba que esperaba todo cambiara en su vida y ella me sonreia mas y me contaba sus planes que ahora si se quiere casar con el, que lo estan planeando que se han ido a vivir juntos, que el a alquilado un departamento grande y precioso, yo me secaba las lagrimas y ella me sonreia mas, será una niña le dije, ella toco su vientre de un mes y sonrio mas, eres una bruja me dijo.
Luego de haberme dado casi una fecha de boda, me dijo que ya no lo haria. Tuvo complicaciones con el bebé y no la veria por un buen tiempo, me despedi y la abrase fuerte, ella se extraño y dijo vamos a seguir viendonos, sabia que eso no iba a pasar y me fuí. Cuando volví a verla, ya era mamá, habia sido una niña y el padre estaba ausente. Tuvo una oferta de trabajo fuera del pais me dijo ella, yo le dije que suerte y no toque mas el tema. Pasaron los meses y viajo con su bebé y su suegra a verlo, le dije por que iba la suegra y me dijo por que quiere ver a su mamá, por que no viene el, por que no puede dijo cavizbaja, no le creí. Tiempo después me dijo que ya no queria seguir esperandolo, que queria salir, le dije podemos salir a tomar algo si quieres, me cambio el tema y tiempo despues me contaba que habia salido con otros amigos, otras amigas, que la habia pasado muy bien. Yo la felicite y me hice la loca, realmente queria decirle ¿y por que no sales conmigo? pero no me atrevia, sabia que ella no queria. Entonces decidí arrancarla de mi, cada vez la veia menos en la oficina, le decia lo necesario, y ella hacia lo mismo, ahora que lo pienso ella siempre me decia lo necesario a no ser que yo me plantara en su cubiculo y empezara a molestarla con mis preguntas, intentando saber un poco mas de ella, a lo poco que mostraba su facebook.
Un día me preguntó, si salia con alguien, le dije que si por que era lo que pasaba en ese momento, claro ella no sabia que salia con una chica, le dije que era un tipo con las mismas características que tenia mi enamorada de turno. Lucia sonrió y me dijo que bueno que ya era hora por que siempre yo estaba sola. No le dije que eso no era cierto por que siempre ella habia estado ahí. Supongo que también pude decirle, deja de preguntarme por hombres que a mi no me gustan, a mi me gustan las chicas, y sobre todo si son como tu, si eres tú. Lucia me dijo que estaba saliendo con un chico que era lindo, pero no le convencía por que era chato, pero bueno... era moreno y a ella le encantaban asi, ademas tenia buen cuerpo. Intente no tomarle importancia y le cambie el tema, me empezo a contar sobre sus diarios, los colecciona desde que tenia 13 años y tiene escrita casi toda su vida, el tema nos hizo hablar como antes y le dije quizas podríamos quedar un dia y me cuentes que tienes en mente escribir. Me dijo que era buena ida, pero este fin de semana no podia por que saldria con ese chico.
Una semana despues le pregunto ¿como estas? ¿sigues escribiendo? me dice que no le provoca escribir por que esta feliz, que la esta pasando super bien con el chico nuevo, sonrie otra vez y yo le doy mi mejor sonrisa fingida. Dejo de ir a su cubiculo e intento hablar lo menos con ella. Me ascienden y paso a trabajar a otro piso del edificio, y dejo de verla por otro buen tiempo. Un día salgo tarde de la oficina y escucho bullicio en la planta baja, hay musica y trago, veo a alguno de mis antiguos compañeros y me invitan a entrar. Lucia esta ahí, sonriente, con un anillo en el dedo y empieza a mostrarlo a todos un hombre de su talla a su lado la abraza, las botellas de champagne se destapan, todos sonríen, ella sonríe, yo me acerco y la felicito y ella me presenta a su prometido y me pregunta ¿y tu? ¿cuando? La quedo mirando y me entran ganas de gritarle que nunca, pero solo me callo y le cambio el tema, me alejo de ella, de su prometido, de su anillo, de mi amor propio y bailo, bailo sola en una esquina hasta que las luces se apagaron.
 

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