domingo, 20 de enero de 2013

Un día perfecto en Nuevo Hampshire





El cuerpo aún estaba fresco. Pero a ella, eso no le importó.
Apenas se enteró de la noticia, compro el ticket más próximo a Nuevo Hampshire.
El camino en bus, le recordó a la primera vez que se subió en uno, para encontrarse con él.
Tenía quince años en ese entonces, y era una chica con ojos ansiosos que moría por ser escritora. Y no es que haya dejado de morir por ello, es que en ese tiempo era una niña tonta. Se había ilusionado con los cuentos del misterioso escritor, que se rehusaba a ser famoso. Se dejó tentar, tocar, besar. El viejo escritor le pedía a gritos que se quite la ropa. Tenía miedo. Entonces el viejo se acostumbró a contemplarla, tocarla, acariciarla, hasta que ella logró escapar.
Estuvo casi tres meses encerrada en su casa.
Su madre la buscó por todo el país, temiendo lo peor. Y quizás lo peor para su madre era que ella estuviera muerta, al final nunca se enteró que un viejo pedófilo la tuvo secuestrada esos meses. Su hija le dijo que se había escapado con su novio del colegio. Que estaba arrepentida, que por favor la perdonara. Su madre buscó al novio por todos lados, pero nunca apareció, porque no existía. Luego olvidó el asunto, su hija cumplió la mayoría de edad y se fue a vivir a la ciudad.

El entierro sería en estricto privado a las tres de la tarde y duraría un par de horas. Tiempo suficiente para entrar a la casa y robar los manuscritos de la caja fuerte del viejo.
La casa estaba cercada por periodistas que se iban poco a poco tras el féretro. Cuando todos se fueron, se metió a la casa por la puerta trasera. La peste de la piel resinosa del viejo escritor estaba en todas partes. Por un momento creyó sentir sus manos sobre su piel virgen y asustada de quince años. La piel se le erizó, pero no la detuvo hasta el sótano, donde sabía estaba la caja fuerte.
La buscó por todos lados, sin encontrarla. Había un colchón lleno de orines, una muñeca rota y platos sucios con restos de comida. ¿Ahí habría vivido el viejo sus últimos días?
Subió a la primera planta y empezó a buscar en las habitaciones. Nada. Había quitado todos los cajones, reventado los colchones, arrancado todos los cuadros. Y nada. No había ni una caja fuerte.
Indagó en la cocina, la sala, el comedor, el estudio. Nada.
Parecía que la caja fuerte no hubiera existido nunca.
Tampoco había ni un sólo papel escrito por el viejo. O su mujer había limpiado todo, o alguien se le había adelantado.

Debió volver antes, cuando el viejo estaba vivo. Pudo matarlo con sus propias manos. Pero no lo hizo. Y tampoco le contó a nadie lo que vivió. Se quedó callada, como todas esas chicas que escaparon de él. Niñas, ahora adultas que no pueden dormir por las noches, porque sienten sus manos estrujándoles la piel. Esas que frustraron sus sueños y se quedaron estancadas en ellos, porque cada vez que querían escribir, veían al viejo con una pluma escribiéndoles sobre el vientre.
Lo único que le quedaba eran esos manuscritos, si aún existían.
Subió al desván con su única esperanza bajo el brazo. La puerta tenía un candado. Sonrió. Ahí tenía que estar la caja fuerte. Sacó un gancho de su cabello, abrió el candado y entró.

El olor a moho y orines estaba dentro de toda la habitación. Al igual de cientos de papeles regados por todos lados. Abrió la cartera, sacó unas bolsas porta papeles y empezó a recolectar las hojas sin leerlas. Una por una las fue metiendo, hasta que cuando levantó un par de un grupo amontonado se topó con una mano.
Estuvo a punto de dar un alarido, pero se contuvo. Sacó la linterna de su bolso y la iluminó. Era pequeña y no se movía. Levantó más papeles y los guardo en su bolso. Poco a poco la silueta de una niña pequeña no mayor de cinco años apareció. Estaba descalza y lucía un vestidito amarillo casi incoloro.
Se preguntó cuánto tiempo llevaría ahí. ¿Estaría viva?
Escucho el sonido de unas llaves en la casa. Quien hubiera vivido con el viejo, estaba volviendo.
Cerró la puerta del desván y metió todos los papeles que pudo en su cartera.
La niña comenzó a moverse sobre los papeles. Sus ojos asustados se encontraron con la extraña que se llevaba todos los papeles del viejo.

Dejó el bolso en el suelo y se acercó a la niña. Esta la miró con desconfianza, pero dejó que la alzara en sus brazos. Tranquila, le susurró. Te sacaré de aquí.
La voz de una mujer llegó desde la primera planta, hablaba con alguien. Levantó el bolso cargado de papeles, al igual que la bolsa repleta de más de estos. Y se acercó a la puerta del desván.
Tenía que salir de ahí de una vez. Si la encontraban, podía ir presa.
Miró por el filo de la puerta. La mujer que hablaba en la primera planta era la esposa del viejo escritor. Tenía una botella de vino en la mano y un par de copas en la otra. Despacio bajó las escaleritas del desván, la niña en sus brazos se inquietó y quiso bajarse. La miró a los ojos y le susurró que no haga ruido, pero la niña ya se había echado a llorar.
La esposa del viejo salió de la sala junto a otra mujer y vieron a la niña en brazos de la joven. Se le quedo mirando con los ojos pasmados.
La joven apretó los manuscritos y sin quitarle la mirada a la esposa del viejo escritor, avanzó hacía la puerta trasera de la casa. La abrió y salió corriendo con la niña llorando aún en brazos.

Ya en la carretera, no podía creer lo fácil que había sido todo. Tenía los manuscritos en su poder. Su futuro. Su inmortalidad. Todo él.
En plena noche, estacionó en medio de la carretera y bajo con la vida del viejo en las manos. La acomodó en el suelo árido, le echo una botella de ron encima y lanzó un cerillo prendido.
La niña bajó del auto y se paró a su lado. Ambas veían cómo se consumía la vida del viejo en un minuto. Sin querer se tomaron de la mano y volvieron al auto.

jueves, 10 de enero de 2013

Esas cosas que no nos dijimos


Esas cosas que no nos dijimos
hasta ahora me quitan el aire
me provocan espasmos
me tapan los oídos
me han nublado la vista

Esas cosas que no nos dijimos
no quieren morir
bailan con el viento al anochecer
me golpean, me afligen
me hacen verte a través de mi ventana

Esas cosas que no nos dijimos
me atormentan
me arrastran
me hacen llorar
me hacen extrañarte

Esas cosas que no nos dijimos
están tan presentes, cuando no estas presente
están ahí enseñándome cosas,
formas, colores, palabras,
imágenes incoloras que duelen

Esas cosas que no nos dijimos
se aferran a mí
flotan en el mar
y te hacen brillar desde Londres
para seguir viéndote desde la gris Lima

martes, 11 de diciembre de 2012

Canciones de cuna para un muerto #1

Y cuando llegue, tu ya no estabas....
 Vi pedazos de mi alma regados en todas partes.
¿Ese era tu plan? lo haz logrado. Me haz matado.

martes, 20 de noviembre de 2012

Florida Plates


Hold you as waves crash down on the Jersey Shore
Can't think of a time when I needed this more
Your skin is so pale reflecting the moon's glow
Please don't talk too much baby
I don't wanna know

Breathe on your neck
Make knots with our fingers
I know that soon you'll be out of my reach
Kiss closed mouth to open eyes
Stall one last moment before goodbye

Drive different cars in different directions
Never write all the letters full of good words
Better intentions
It's for the best although we don't know it
Paper words could only cheapen the moments we shared
It's better I say nothing at all

You were so perfect but not everlasting
I'm almost convinced that we never happened

martes, 13 de noviembre de 2012

La llamada


- ¿*****?
- ¿Si?
- Hola, soy...
- Ya se quien eres, espera... ¿Realmente eres tú?
- Sí... hola
- Hola
- ¿Como estás?
- Este... ¿Porqué me llamas?
- No lo sé, tuve ese impulso... quería saber como estabas
- Estoy bien... oye han pasado 2 años y..
- Lo sé, mira yo...
- No, mejor no digas nada... yo también quise llamarte miles de veces pero... no sé, estaba muy complicada en ese momento.
- Ya, si me imagino
- Empezaba clases, problemas en mi casa, tu...
- Ya fue
- No, es que tu no me escuchabas, no me entendías
- Sólo llame para saludarte, no quiero molestarte
- Quería que me entendieras, que me apoyaras, que me dieras tiempo
- No lo sabía
- Si, si lo sabías ¡Claro que lo sabías! pero eres una egoísta y sólo veías tu felicidad, tu tranquilidad... ¡Tu puta conveniencia!
- Creo que fue un error llamarte
- ¡Ya estas huyendo otra vez!
- No, no estoy huyendo, pero no quiero pelear... ¿Sabes? Escuché esa canción que lleva tu nombre y recordé cuando...
- Tú la cagaste, la cagaste bien feo con tu "No tengo paciencia"
- Nunca te dije eso, oye que puedo hacer yo no soy un jodido gusano, tengo las alas bien puestas y tu en ese momento eras aun una larva
-  Encima terminaste conmigo enviándome ese e-mail tan feo, haciéndote la víctima, lleno de estupideces que recalcaban que solo piensas en ti, te importaba un carajo lo que pasaba en mi vida en ese momento.
- Bueno ya esta, tu tampoco me respondiste ni me dijiste que estaba equivocada ni me contabas lo que te pasaba
- ¿No te contaba? Eres una cínica
- Si, una cínica y una egoísta, pero ¿Sabes que? Al menos yo si sabía lo que quería en ese momento y lo que quería era a ti, Te quería a ti para mí. Pero tu cabeza siempre estaba en otro planeta y yo no estaba, ni estoy en estos momentos para aguantar a larvas cobardes que no quieren tener alas.
- No quiero seguir escuchándote
- Yo tampoco
- Entonces adiós, hasta que se revuelva la conciencia si es que aún te queda un poco de ella
- Eres una estúpida *****

Clic.

domingo, 28 de octubre de 2012

Esas cosas que Gard no recuerda


Sus grandes ojos castaños se abren junto a mi, sus manos pálidas por la inyección presionan la mía sin fuerza.Vas a estar bien, te digo y tu no me dices nada, solo me miras y continuas presionando mi mano. El Doctor te dice que te desatará si prometes no hacerte daño, ni hacérmelo a mí. hacérselo a nadie, tu solo me miras a mi mientras tus lagrimas se disparan hacia tus mejillas pálidas. El doctor te repite la pregunta y tu asientes temblando. Cuando te sueltan, tus muñecas llevan cardenales, te habían presionado fuerte las correas, pero no te quejas, no dices nada, solo me miras con esos grandes ojos castaños que tanto amo. El doctor dice que te quedarás en observación, que te dará nueva medicación y es mejor que estés en una habitación solo, una de esas habitaciones con colchones en la pared como las que salen en las películas,  donde encierran a los que se les a volado la chaveta. Quise llorar ahí mismo, pero retuve mis lagrimas. Tú soltaste un suspiro profundo tras otro, el doctor me dijo que dormirías dentro de poco, que te habían puesto un sedante. Que no te fuerce a hablar, y lo que te diga que se algo que no te altere  que me dejara a solas contigo, pero que los enfermeros estarán cerca, pendientes de nosotros. Yo le agradezco y acaricio tu mano, mientras el doctor se va. Tus ojos abiertos como platos no se mueven, tus manos pálidas tocan presionan las mías. Tus labios resecos dicen algo pero no logro entender. Te digo que no te esfuerces, que mejor descanses. Pero tu hablas bajito, despacito, la voz te sale rasposa, triste, me dices palabras ilegibles, cosas sin sentido. Yo te miro y siento que te amo, que me duele verte mal, pero tu no me escuchas, sigues susurrando palabras que no me tocan y poco a poco te vas adormeciendo. 
Acaricio tu cabello y beso tu frente, intento decirte algo, pero no puedo, sólo te beso una, y otra vez. Tus ojos comienzan a cerrarse, esos ojos grandes y castaños que me enamoraron esa noche en el bar de mala muerte donde nos conocimos. 
Esta vez, beso tus labios y las palabras salen de ti, en un hilo apretado.

- No me dejes - dices con la voz cortándose  con tu alma yéndose a otro lado, a Boo' ya moon 
- No lo haré - te digo apretando tus manos

Pero tus ojos ya se habían cerrado y tus manos habían dejado de apretar la mía.
Mis lagrimas se escapan de los ojos, sentía que el mundo me absorbía y me llevaba a un desierto caluroso, donde ya no te vería.

 

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