jueves, 1 de abril de 2021
jueves, 24 de septiembre de 2020
jueves, 28 de noviembre de 2019
viernes, 27 de septiembre de 2019
Poco a poco
Aquellas noches en Barranco no van a volver más.
Ya es hora de que desaparezcas, han pasado mas de mil noches sin ti.
Ya es hora de que desaparezcas, han pasado mas de mil noches sin ti.
domingo, 9 de junio de 2019
Antes de que me atrapen 1000
Penny despertó tarde por la mañana envuelta en una capa de niebla que se filtro en su habitación. Cepillo sus dientes, lavo sus manos, su rostro y contempló sus amplias ojeras en el espejo. Habían aumentado, hasta creía ver arrugas nacientes en su piel pálida. Se alejó del espejo y camino arrastrando los pies hacia su closet. Empezó a oler su ropa y se puso lo que encontró mas limpio. Bebió un poco de té cargado, metió una cajita de sopa instantánea con una cuchara en su bolso y salió por las frias calles de Londres para tomar el tren que la llevaría a la rutina que él le había obligado a tener.
En el camino alguien la empujo, dentro del tren a su lado alguien que sudaba demasiado se le pego mucho, al bajar alguien le metio la mano en el trasero. Cuando salió del subterraneo una bicicleta le salpico los residuos de la lluvia que hubo la noche pasada manchandole la ropa que menos sucia tenia en ese momento. Aun así, camino hacia su trabajo luego de una hora de viaje en tren y su jefa le dijo que nuevamente habia llegado tarde, que esa era la ultima que le aguantaba, que era el colmo que siempre llegue a la hora que quiera. Penny solo pidió disculpas por que su jefa no le dejo excusarse, se sentó en su escritorio y prendio el ordenador. Estuvo haciendo bozetos, diseños bobos, esas cosas por las que le pagaban toda la mañana hasta el medio día que salió a comer algo. Subió a la cafeteria del edificio, metio la sopa en el horno microondas mientras sacaba una botella de agua del dispensador. Se sentó en la misma mesa grande de todos los días, a comer lo de siempre, sopa instantanea, una botella de agua, nadie a su alrededor que la mire o le hable. Nadie la conocía en Londres, ella no hablaba ni hacia contacto visual con nadie que no sean sus alimentos. Comió lento como siempre, desganada, cansada, con sueño, sin ganas de estar ahi, en el trabajo, en el mismo Londres. ¿Como rayos llegue a parar aquí, y encima con un nombre falso? Era simple, el nombre falso se lo habia dado un hombre falso, ese que la llevo a ese frio pais. Apuro la sopa y la botella de agua, paso por el dispensador y se compro una barra de chocolate de leche, lo comio despacio, volvio a su escritorio y estuvo tonteando hasta que el día oscureció y volvió a su departamento. La casa cada vez la veía mas pequeña.
Se dió una ducha, se puso el pijama, tomó té y galletas, los que quizas debió tomar a la hora que mandan en Londres, pero ella no es de Londres y prendió la televisión.
El apareció en las noticias. Lo habían atrapado.
En el camino alguien la empujo, dentro del tren a su lado alguien que sudaba demasiado se le pego mucho, al bajar alguien le metio la mano en el trasero. Cuando salió del subterraneo una bicicleta le salpico los residuos de la lluvia que hubo la noche pasada manchandole la ropa que menos sucia tenia en ese momento. Aun así, camino hacia su trabajo luego de una hora de viaje en tren y su jefa le dijo que nuevamente habia llegado tarde, que esa era la ultima que le aguantaba, que era el colmo que siempre llegue a la hora que quiera. Penny solo pidió disculpas por que su jefa no le dejo excusarse, se sentó en su escritorio y prendio el ordenador. Estuvo haciendo bozetos, diseños bobos, esas cosas por las que le pagaban toda la mañana hasta el medio día que salió a comer algo. Subió a la cafeteria del edificio, metio la sopa en el horno microondas mientras sacaba una botella de agua del dispensador. Se sentó en la misma mesa grande de todos los días, a comer lo de siempre, sopa instantanea, una botella de agua, nadie a su alrededor que la mire o le hable. Nadie la conocía en Londres, ella no hablaba ni hacia contacto visual con nadie que no sean sus alimentos. Comió lento como siempre, desganada, cansada, con sueño, sin ganas de estar ahi, en el trabajo, en el mismo Londres. ¿Como rayos llegue a parar aquí, y encima con un nombre falso? Era simple, el nombre falso se lo habia dado un hombre falso, ese que la llevo a ese frio pais. Apuro la sopa y la botella de agua, paso por el dispensador y se compro una barra de chocolate de leche, lo comio despacio, volvio a su escritorio y estuvo tonteando hasta que el día oscureció y volvió a su departamento. La casa cada vez la veía mas pequeña.
Se dió una ducha, se puso el pijama, tomó té y galletas, los que quizas debió tomar a la hora que mandan en Londres, pero ella no es de Londres y prendió la televisión.
El apareció en las noticias. Lo habían atrapado.
Antes que me gane la tristeza IB
Te conocí una noche lluviosa de abril. Tu cabello mojado
negro, ingreso al bar de mala muerte donde nos conocimos. Llevabas una camisa azul, unos pantalones
sueltos, que hacían ver la delgadez de tus piernas. Tus ojos estaban como
volados. Veías el camino, pero a la vez no.
Podía ver una nube oscura sobre ti. Un saco de papas en tu
espalda. Te vi con ese caminar de héroe rendido, que fue lo que me impulso a
acercarme a ti.
En ese momento me pregunte... ¿Porque siempre tengo que
estar recogiendo almas en pena en el camino?
Te sentaste a mi lado y pediste un pisco sour. Lo tomaste en
el primer sorbo y pediste otro. Quizás debí huir, pero en ese momento me había
fijado en tus ojos melancólicos. Los vi fijamente y sentí perderme en ellos.
Eran transparentes. Podía leer tu alma a través de ellos.
Se degradaban las palabras en mi boca. Quería hablarte, pero
a la vez no.
Antes que la tristeza me gane II
Puedes leer la primera parte aquí: https://carolinatasayco.blogspot.com/2011/09/antes-que-la-tristeza-me-gane.html
Un cúmulo de sonidos retumba nuestros oídos al caminar de la mano corriendo por las calles. No tengo idea cómo hemos llegado a este momento, pero acá estamos, sonriendo y corriendo por las calles de Barranco. Por un momento las calles no sé ven grisáceas cómo son en realidad . Emergen luces de las paredes, la pista, la vereda, la gente que pasa junto nuestro.
Él no me dice nada, es más, no me ha dicho nada desde que salimos del Dragón y yo no le digo nada tampoco, porque temo romper la magia del momento. Entonces nos adentramos en la oscuridad que ahora vemos llena de luces y nos miramos unos instantes.
- ¿Donde esta tu carro? - le pregunto
- No puedo manejar así. Siento que me voy a morir - dice riendo.
- Yo manejo - le dijo, sin saber exactamente por que, dado que no tengo brevete ni se manejar bien
El rebusca el bolsillo de su pantalón grueso (porque es friolento) y me da las llaves de su auto. No tienen llavero.
- Esta en la esquina - dice señalando a un auto azul, pequeño, gracioso.
Nos acercamos con las manos enlazadas. Él se ríe de tanto en tanto y yo también, aunque no sé porque se ríe él. Cuando llegamos al auto, el tropieza con una piedra y cae de cruces sobre el auto. Yo no lo sostengo. El se ríe otra vez y siento que empiezo a cobrar la conciencia, pero no del todo. Sube, le digo quitando el seguro al auto y él obedece.
- ¿Donde vives?
- Jesús María, pero vamos a Miraflores
- ¿A que parte?
- Alcanfores, al departamento de mi novia
- Ok, te dejo ahi entonces
- No, no me dejes, quedate conmigo - dice mientras coge con ambas manos mis muñecas y me besa. Es un beso fuerte, intenso, cargado de cerveza
- No - le digo separándome - te dejo y ya
- Vamos, va a ser divertido coger en la cama de esa huevona
- Estás loco - digo encendiendo el auto
- Si quieres vamos a Chorrillos y cogemos en la cama de tu novio ¿que dices?
- No es mala idea, pero posibemente saque un arma y nos mate
- Eso me temí.
Encendí el motor con las llaves y lo miré.
- Ok, entonces ahí será
El se me acercó y me beso, fue un beso dulce, muy dulce. Yo no aguante y le toque el pito. Él sonrió, me miró y dijo
- También podríamos hacerlo en el auto
- Tenemos que.
Nunca antes había cogido en un auto. Lo recomiendo, es una maravilla.
Un cúmulo de sonidos retumba nuestros oídos al caminar de la mano corriendo por las calles. No tengo idea cómo hemos llegado a este momento, pero acá estamos, sonriendo y corriendo por las calles de Barranco. Por un momento las calles no sé ven grisáceas cómo son en realidad . Emergen luces de las paredes, la pista, la vereda, la gente que pasa junto nuestro.
Él no me dice nada, es más, no me ha dicho nada desde que salimos del Dragón y yo no le digo nada tampoco, porque temo romper la magia del momento. Entonces nos adentramos en la oscuridad que ahora vemos llena de luces y nos miramos unos instantes.
- ¿Donde esta tu carro? - le pregunto
- No puedo manejar así. Siento que me voy a morir - dice riendo.
- Yo manejo - le dijo, sin saber exactamente por que, dado que no tengo brevete ni se manejar bien
El rebusca el bolsillo de su pantalón grueso (porque es friolento) y me da las llaves de su auto. No tienen llavero.
- Esta en la esquina - dice señalando a un auto azul, pequeño, gracioso.
Nos acercamos con las manos enlazadas. Él se ríe de tanto en tanto y yo también, aunque no sé porque se ríe él. Cuando llegamos al auto, el tropieza con una piedra y cae de cruces sobre el auto. Yo no lo sostengo. El se ríe otra vez y siento que empiezo a cobrar la conciencia, pero no del todo. Sube, le digo quitando el seguro al auto y él obedece.
- ¿Donde vives?
- Jesús María, pero vamos a Miraflores
- ¿A que parte?
- Alcanfores, al departamento de mi novia
- Ok, te dejo ahi entonces
- No, no me dejes, quedate conmigo - dice mientras coge con ambas manos mis muñecas y me besa. Es un beso fuerte, intenso, cargado de cerveza
- No - le digo separándome - te dejo y ya
- Vamos, va a ser divertido coger en la cama de esa huevona
- Estás loco - digo encendiendo el auto
- Si quieres vamos a Chorrillos y cogemos en la cama de tu novio ¿que dices?
- No es mala idea, pero posibemente saque un arma y nos mate
- Eso me temí.
Encendí el motor con las llaves y lo miré.
- Ok, entonces ahí será
El se me acercó y me beso, fue un beso dulce, muy dulce. Yo no aguante y le toque el pito. Él sonrió, me miró y dijo
- También podríamos hacerlo en el auto
- Tenemos que.
Nunca antes había cogido en un auto. Lo recomiendo, es una maravilla.
Te lo conto
Emily Lee
a las
11:43
No olvides que hablamos de
Antes que la tristeza me gane,
Antiheroínas,
Cuento,
Penny
domingo, 13 de enero de 2019
gx
2014
Son las once de la noche, mis párpados se caen. Aprovecho el momento y apago la computadora, las luces, la música. Me echo en la cama, me tapo con un par de frazadas, cierro los ojos y el sueño desaparece.
Él tampoco puede dormir.
2019
Felizmente.
miércoles, 25 de mayo de 2016
Corina
Se miró al espejo, sacándose uno a
uno los ruleros, dejando caer los bucles dorados gracias al tinte que su mamá le
había aplicado el día anterior. Abriendo
mucho los ojos, aplicó máscara sobre sus pestañas muy despacito para que éstas
no se pegaran entre ellas. Juntó los labios mientras se aplicaba el gloss rosado.
Con una brocha se aplicó rubor en las mejillas, y con una esponjita se llenó
con polvos blancos para resaltar sus mejores ángulos. Iba a ser la envidia de
todas sus amigas. Sus brillantes zapatos rojos la esperaban ansiosos a ser
probados al pie de la cama. Ella, con el vestidito lleno de encajes y sus bucaneras
color rosa, posó sus pequeños pies sobre ellos, calzándolos con delicadeza,
sintiéndose una princesa. Sí, eso, ella era una princesa, la más linda de
todas. Sus guantes rosas reposaban sobre su cama, junto a su sombrilla. Este
sería su primer té del año y todo tenía que salir perfecto. Corrió a la cocina
y llenó la canasta con los postres que su mami le había preparado para la
ocasión.
- - ¿Ya tienes todo listo
hijita?
- Sí mami – dijo mirándose nuevamente al espejo, tocando su cabello - ¿Me dejo los bucles sueltos o los recojo con un moño?
- Así estás perfecta princesita.
- Sí mami – dijo mirándose nuevamente al espejo, tocando su cabello - ¿Me dejo los bucles sueltos o los recojo con un moño?
- Así estás perfecta princesita.
Se despidió con un beso y se fue
dando saltitos al parque. El sol iluminaba su camino. Ella feliz con su canasta
en la mano y la sombrilla en la otra, saludaba a todos los rostros que se le
cruzaban en el camino. Fue la primera en llegar así que se puso a armar el té.
Sacó su mantel a cuadros rojos y las tacitas de porcelana china. En eso aparece
Mimí, con un vestido color celeste parecido al de ella, pero no igual, nunca
igual, no podría igualarla jamás. Tenía una vincha color blanca con un moñito
en el medio. Ella la saludó con un beso mientras le servía el té.
- - ¡Corina! ¡Pero qué lindo
vestido! – le dijo Mimí
- - Gracias, tú también te ves
divina – dijo cogiendo unos pastelitos en un platito - ¿Te gustan las
medialunas dulces?
- - Sí, pero solo me como una,
ya sabes, estoy a dieta – Corina sonrió por debajo – Mira ahí viene Agustín –
dijo Mimí con una sonrisa pícara a su amiga
Corina no podía disimular lo mucho
que le gustaba Agustín. De inmediato, sus mejillas se pusieron más rojas de lo
que ya estaban por el rubor y comenzó a sudar - se moría de vergüenza. Unas gotas
comenzaron a caer sobre su rostro, había comenzado a garuar. Disimuladamente
sacó un pañuelo de la canasta y un espejito del bolsillo, y comenzó a limpiarse
las gotitas que iban cayendo de su frente.
- - ¡Hola chicas! ¿Cómo están?–
dijo Agustín, acercándose a cada una de ellas, dándoles un beso en la mejilla
- - Todo bien, ¿Quieres una
medialuna? – le ofreció tímidamente Corina.
- - Sí – dijo Agustín con una
sonrisa de oreja a oreja.
En un platito, ella empezó a poner
un pastelito de cada clase para Agustín, mientras lo miraba, rojísima de la
vergüenza. Alguien se acercaba a ella por detrás, observándola con sus amigos.
Corina estaba tan nerviosa con la presencia de Agustín que no se dio cuenta del
sujeto.
- - Eh chica… ¿Estás bien? ¿Con
quién hablas?
Agustín y Mimí se quedaron mirándola.
Corina se quedó pasmada.
- - ¿No me vas a hablar? – ella
seguía sin responder – bueno nena, te dejo hablando sola, pero cuidado que te
afanan las medialunas – dijo yéndose en tono burlón.
Corina miró a sus amigos y estos
comenzaron a desvanecerse poco a poco con la lluvia. Su maquillaje corrido, su
vestido mojado. El té se había arruinado. Se puso a llorar en silencio. Nunca
se había sentido tan sola.
jueves, 18 de febrero de 2016
Emperatriz
Emperatriz mide
un metro y cuarenta centímetros. Tiene brazos rechonchos, ojitos maliciosos de
esos que se mueven al percibir el éxito del resto y usa por supuesto zapatos de
tacón superior a los 10 centímetros. Trabaja de Contadora en el despacho del Doctor
Mariño. Su jefe en sí no es doctor, pero estudió derecho unos ciclos, lo
abandonó, pero cómo su papá era decano de la facultad lo hicieron graduarse
hasta con honores. En fin, el Doctor Mariño tiene una mina en un pueblito
escondido en la sierra y necesita a alguien que le vea las cuentas, mejor dicho
necesita a alguien que le ayude a tapar sus cuentas. Tiene tantas que ya perdió
la cuenta. Pero eso no es lo importante. Lo que importa es que Emperatriz está
ahí para lo que él necesite.
Esa mañana, ella
despertó como todas a las seis en punto. Su marido seguía durmiendo. Si,
Emperatriz tiene marido, es un hombre muy delgado, alto que siempre tiene
problemas con los mosquitos. O al menos eso le dice a Emperatriz puesto que
siempre llega con el cuerpo cargado de chupetones. Ella lo miró de reojo,
tratando de no contar los nuevos chupetones que traía en la espalda desnuda y
le dio un beso en la mejilla. Papito no te olvides de llevar a la nena al
colegio. El marido al escuchar a su mujer, comenzó a roncar. Emperatriz salió
de la cama, se quitó el pijama y se dio una ducha, pensando en que si, quizás
no era muy feliz, pero al menos tenía marido, una hija. Ella tenía una familia
bien constituida, no como el resto de mujeres frustradas que son madres
solteras o peor esas solteronas que dan pena, todo el tiempo regalándose a los
hombres.
Salió de la
ducha, ya cambiada con su sastre y sus tacones número 12. Su hija aún dormía y
su empleada (sí, es que ella tiene empleada) estaba sirviéndole el desayuno.
- Estoy a dieta ¡Ya te dije que no como pan!
- Lo siento señora… ¿entonces le hago un juguito?
- ¡Ya me tengo que ir a trabajar! Te tengo por las puras, no te olvides de llevar a la bebe al colegio si es que mi marido no despierta y claro de prepararle su lonchera, aunque sabes que ¡A ver enséñame lo que le vas a mandar!
- Es fruta – dice la muchacha abriendo la lonchera de la niña – platanitos y fresas cortaditos, su juguito en cajita y un pancito con jamón
- ¡Pero cómo has cortado esa fruta! Esta toda desigual, horrible, el plátano se ve marchito, tienes que aprender, cuantas veces te he dicho… por Dios, no sé porque sigues trabajando aquí
- Lo siento patrona, lo volveré a hacer
- ¿Y vas a botar la fruta? ¿Crees que es gratis?
- No patrona, pero ya la guardo para un jugo
- Jugo... ¿no? ¡Seguro te la vas a tragar! Ya, déjalo así nomás y dame mi lonchera, más te vale que sea algo light
- Estofadito de carne señora, con frijolito
- ¡Pero me has cargado de arroz! ¿Tú estás loca no? ¿Qué quieres que engorde?
- Hay no señora ¿se lo saco?
- ¡No! Lo voy a botar, prefiero eso a que te lo estés tragando con el cuento de “lo voy a botar” “lo voy a guardar”
- Lo siento patrona
- Ya, ya, yo me voy, ya sabes ordena bien todo y deja las cosas listas para el almuerzo que Lucho despierta con hambre
- Si señora
Emperatriz carga
su lonchera y su cartera y sale de su casa rumbo al paradero de buses. Es que
no tiene auto. En realidad tiene uno en la casa, pero lo usa su marido y ella
no lo usa porque el marido le dice que lo usa para trabajar. Entonces
Emperatriz sube a su combi y va por Lima unos 40 minutos hasta la oficina de Mariño.
Llega llena de sudor y fastidiada porque odia las combis, como es pequeña todos
la empujan y la pisan. Cuando está cruzando la pista del paradero para llegar a
su oficina, su celular comienza a sonar, ella mete las manitos en su cartera y
contesta.
- ¿Emperatriz?
- Sí jefe, buenos días ¿En que lo puedo ayudar?
- ¿Ya llegaste?
- Sí jefe, estoy en la puerta del edificio
- Ya, ven a la cochera, tenemos que hablar, apúrate y que no te vea nadie
Emperatriz sonríe,
tiene la ligera esperanza de que el jefe la llame para algo más que ver
cuentas, puesto que le ha echado el ojo hace muchos años y secretamente,
moriría por ser una de las tantas amantes que tiene él. Entonces va corriendo y
llena de felicidad al sótano, donde él la espera dentro de su auto. Al verla llegar, él le hace una seña con la
mano. Dos hombres custodian la camioneta del Doctor, uno de ellos le abre la
puerta, ella ingresa sonriente.
- Buenos días doctor
- Hola Emperatriz… escucha, necesito que desaparezcas el trato con Armando
- ¿Cómo?
- El trato con Armando, los contratos, las transferencias, todo, quiero que lo hagas humo
- Pero... ya todo está bien avanzado, las cosas están yendo… - él la interrumpe
- ¡Desaparece todo! ¿Me escuchaste? ¡Todo! – grita con el rostro ligeramente colorado
- ¿Se encuentra bien jefe?
- Sube y borra todo, todo ¿me escuchaste?
- Sí jefe
Mariño comienza a
sudar, ve a su seguridad inquieta.
- ¿Pasa algo? – grita el Doctor
- No salga del auto doctor
- ¿Qué sucede jefe? – pregunta Emperatriz
- ¡No sé! ¿Qué coño voy a saber? Joder tienes que borrar lo de Armando, de una vez
- Si, en este instante – dice abriendo la puerta de la camioneta, mirándolo de soslayo, contemplando los ojos verdes de él.
Emperatriz pone
un pie fuera de la camioneta, levanta la cabeza y una bala procedente de la
parte trasera le atraviesa la cabeza. El doctor se asusta,
empuja el cuerpo y cierra la puerta con cerrojo, mientras el
sonido de las balas retumba el estacionamiento del edificio.
martes, 7 de abril de 2015
La maleta
Yo seguía mirando la pared, mientras una niña sonriente a mi lado, me daba cuerda sin parar. Me daba cuerda de una manecilla que sobresalía de mi cintura. Me daba cuerda para que yo baile. Tu hablabas, me contabas, me decías cosas que yo no quería escuchar. Seguías repitiendo lo que ya sabía. Y la niñita me sonreía, me daba cuerda, me daba ánimos.
- No puedo evitarlo - me dijiste rompiendo en llanto
Miré a la niñita y me percaté de que tenía unos ojos muy bonitos. Eran grandes, castaños, eran tus ojos. Le sonreí y acaricie su cabello lleno de tonalidades, como el tuyo, como el mío. La niñita tenía un lunar bajo el ojo izquierdo, seguro era porque me lo miraba tanto frente al espejo cuando ella vivía en mí. Y sonreía lindo, tan lindo. Cómo cuando tu y yo estábamos conscientes.
No sé por que lo dije. Solo se que tu dejaste de hablar, de llorar, de gritar. Te acercaste a mí, seguiste mi mirada que se apagaba junto a la imagen de Aurelia que se desvanecía.
- Quizás tú también deberías...
- No - te corté - yo no - te dije mirando tus ojos grandes, castaños, los ojos de Aurelia. - Uno de nosotros tiene que estar consciente, mientras el otro no lo esta. ¿No te parece?
- No estas bien, yo tampoco. Necesitamos estar bien.
- Yo estoy bien. Te juro que estoy bien. Ahora... termina la maleta. Terminala y vete ya.
Te lo conto
Emily Lee
a las
21:28
lunes, 20 de octubre de 2014
viernes, 18 de abril de 2014
Tara estaba triste
Tara estaba triste. Devastada quizás, pero no quería
aparentarlo, no quería que nadie se entere y así estaba bien. No es bueno estar
ventilando las desgracias. Echada en su cama recordaba sus miradas a
escondidas, sus palabras recortadas, su pobre ego desinflándose.
Tara estaba triste y era su propia culpa. Hizo cosas demás,
dijo cosas demás. No se pudo controlar, lo dio todo a cambio de nada. Lo peor
es que sabía que nunca iba a obtener nada. Ni siquiera un sincero beso, menos
un orgasmo.
Tara estaba triste, pero también molesta. Con ella misma,
más que con aquel sujeto. En realidad, este ya había pasado a otra vida en lo
que respectaba a la suya. No lo quería cerca (quizás nunca lo quiso), no lo
extrañaba. Tan sólo tenía esas ganas de aplastarse la cabeza con una roca para
que el universo se estabilice.
Tara estaba triste, pero ahora entendía su error. Los clavos
son clavos, se sacan uno a uno, no se entierran sobre ellos. Las consecuencias
eran estas. Pensamientos absurdos, la cama vacía, los recuerdos escondidos tras
recuerdos de otros besos. Siempre él. Maldita sea, siempre él.
Tara Knowles, SOA S1
domingo, 22 de diciembre de 2013
El chico que no dejaba de hablar
Había quedado en verme con él a las ocho de la noche para
comprar unos regalos y de ahí ir al cine. Yo que estaba en la peluquería
intentando matar la cantidad de colores que tenía en el cabello y dejando que
me pongan pestañas postizas una por una. Cuando me di cuenta de la hora, ya se
me estaba haciendo tarde, así que le dije que iba a demorar 20 minutos más. En
el camino lo llame para avisarle que ya estaba cerca y que vaya saliendo. Pero
parece que no entendió bien la palabra estaba cerca, porque cuando llegue, el
aún no salía de su casa. Para colmo de males estaba lloviznando y mis pestañas
nuevas no iban a resistirlo. Así que me quede esperando escondida en el
paradero media hora, donde me empujaron más de 10 veces. Es que ya sabrán el
paradero del metropolitano en la noche es un caos. Ya congelada y media mojada
llegó en el auto de su hermana. Desde que entre al auto lo note nervioso. No me
miraba, es más evitaba hacerlo y se ponía a hacer bromas que sólo él entendía. Yo
sonreía bajito, y en un par de ocasiones le dije que mejor… se calle, pues
algunas bromas eran un poco crueles. Fuimos a comprar obsequios al centro
comercial y ahí la cosa se complicó un poco más. Y no solo eran las bromas,
empezó a caminar rápido delante de mí. Me dejaba atrás, no quería caminar a mi
lado, no sé qué rayos le pasaba. Así que disimulando mi molestia le regale una
sonrisa y le dije que no vaya tan rápido, que no me deje atrás. El me miro de
reojo y dijo: Pero es que tú te demoras un montón, todo lento caminas. No lo
dijo molesto, lo dijo burlón, nervioso.
Luego de eso empezó a reírse y seguir haciendo bromas que
insisto, sólo él podía entender. Yo estaba un poco fastidiada y la verdad es
que quería irme, pero dije, tranquila ya se le pasará, pero fuimos a pagar y no
se le pasaba. Parecía un chiquillo malcriado de 31 años, y yo no le encontraba
la gracia a nada de lo que hacía, ni a sus gestos obscenos con el dedo medio ni
a sus risas nerviosas tontas.
Quería irme, no había forma de que vaya al cine con él,
además él se había olvidado de ello. Así que estuve a punto de llamar mi taxi, pero me deje
convencer por él de quedarme un rato para ir a comer algo. En el camino lo veía
más ansioso. Subía y baja el volumen de la música, por cierto música horrible.
Esa música pachanguera, las culisueltas y wachiturros.
Llegamos al café y comenzó a comer, ahí cómo que se calmó y
yo me sentí más tranquila. Pero termino su comida y sus ojos ansiosos se
iluminaron. ¿Qué hacemos? Me preguntó. Mi casa, le dije, quiero irme a mi casa.
Tú mañana tienes que viajar y yo tengo un compromiso con mi familia. Claro que
eso aunque era cierto, era un pretexto. Yo quería evitar mandarlo a volar.
Había salido dos veces antes con él y la habíamos pasado muy bien. Sentía que
me estaba empezando a gustar, así que dije, mejor nos despedimos, el ese calma
un poco y nos vemos otro día. Pero él nuevamente insistió y esta vez, cuando
quise llamar a mi taxi, me quitó el celular. Supongo que en otro momento me
hubiera ido corriendo de ahí, pero dije… tranquila, ya se está calmando, se
hace el gracioso, síguele la corriente un rato más y te vas. Así que eso hice.
Lo que siguió a continuación fue lo siguiente: Estaba ansioso por tomar cerveza
y comenzó a dar vueltas para buscar trago. Yo al comienzo pensé que era una más
de sus estúpidas bromitas de la noche, pero no. Estacionó en una licorería y
trajo dos cervezas para él y una botella de agua para mí. Más incómoda que
nunca intente disimularlo diciéndole que estaba manejando, que mejor no tome y
empezó a decir que era un borracho. Luego estacionó cerca de un parque y
comenzó a tomar. Yo trate de no ver tan mal todo esto e intente hablar con él,
cambiarle el tema. Pero el insistía con sus bromas que ahora eran cada vez más
raras. Tengo que declararte mi amor. Lo miré ya sin mucha gracia y el no dejo
de hablar. Dijo que no podía más y que ahora estábamos juntos. Yo me reí y no
le hice caso, pero él me insistió que le responda si aceptaba. Entonces le dije
que aceptaba riéndome, entonces la broma se le fue de las manos por que siguió
con el jueguito y yo a esas alturas, ya no tenía intenciones de volver a salir
con él. Así que le dije, mejor llamo a mi taxi y eso hice a pesar de que quiso
volver a quitarme el teléfono. El taxi venía en una hora y yo, no tenía ganas
de aguantarlo ni cinco minutos más. Creo
que se dio cuenta porque se quedó callado un momento, pero claro sólo un
momento. Ahora somos enamorados, dijo. Yo lo miré y pensé: Mierda, lo había
dicho en serio. Si no fuera en serio, ya la bromita se hubiera acabado hace
rato. El tiempo pasó y le pedí que por favor me acerque en el camino para que
mi taxi me encuentre antes. Me llevó en silencio, lo vi contrariado. Con un
poco de temor y queriendo asegurarme de que no había metido la pata
comprometiéndome con ese troglodita que antes parecía tan caballerito, tímido y
dulce le dije: ¿Ha sido una broma eso de tu declaración? Me dijo ¡Obvio que es
una broma! Para ser enamorados, tenemos que estar enamorados, además ¿Tú
sientes que te amo? No, le dije un poco asustada a punto de abrir la puerta del
auto en movimiento. Tú tampoco me amas. ¿Pero, que, acaso quieres que estemos?
Esto no es así, o sea salimos vemos que pasa, primero una amistad. Yo sólo atine
a mirarlo y decirle: claro, la cosa debe fluir, mientras en mi mente me decía,
pero esto entre nosotros si iba a fluir, ya se fue al carajo. Así que en un
ataque de sinceridad le dije: Mira sabes que, a mí no me gusta salir mucho
tiempo, o sea… - iba a decirle que mejor lo dejábamos ahí nomás pero me
interrumpió – o sea que, tú te enamoras rápido, ahí nomás quieres estar. No, le
dije. Pero era en vano, su cabeza estaba en otro lado. En la vía expresa los
carros pasaban a gran velocidad y yo sabía que si me lanzaba del carro, aparte
de romperme un hueso, posiblemente un carro atrás me aplaste. Así que me quede
callada y recé para que mi taxi venga, pero no venía y la espera era eterna.
Debes tener sueño, le dije. Tuve que llamar desde antes al taxi. ¡Pero lo
llamaste hace una hora, no puede demorarse tanto! Mire por la ventana y me dije
que la cosa se hubiera solucionado si él me hubiera llevado a mi casa, pero el
niño no sabía ni quería saber dónde vivía y prefirió dar vueltas en el auto sin
dejar de quejarse, de porque tardaba tanto. Yo cada cinco minutos llamaba al
taxi para ver por dónde estaba, pues si no lo hacía, creo que él iba a empezar
a hacerlo, ahora parecía algo enojado aunque lo disimulaba con una sonrisa un
poco tonta. Luego de eso, hubo muchos silencios, y fue ahí, donde deje de
mirarlo, escucharlo y fingía concentrarme en mi celular. En ese momento, su
rostro pareció transformarse y sentí que el chico con el que había salido
antes, estaba volviendo. El estacionó el auto y me dijo: He hablado mucha
huevada hoy ¿no? Demasiadas, le dije sin mirarlo. Si, pucha, muchas tonterías
he dicho, no me callo, no sé porque hablo tanta tontería. Mientras él hablaba,
marque nuevamente al taxi. Estoy a la espalda, me dijo el taxista. Le dije a él
que me acerque una cuadra más para encontrarme con taxi y creo que ahí se dio
cuenta de que la cosa se había roto. Cuando salí del auto, al fin me sentí
aliviada. Pero a la vez, sentí pena por el alma en pena que se quedaba en
penumbras quizás arrepentido de todo lo dicho, o quizás feliz de verme bajar.
Te lo conto
Emily Lee
a las
15:11
No olvides que hablamos de
El chico que no dejaba de hablar
viernes, 15 de noviembre de 2013
Cosas que debes hacer antes de morir
1. Poner yogurt de vainilla en un bote de mayonesa y comerlo en público.
2. Entrar en un ascensor lleno de personas y decir: "Apuesto a que se preguntan por qué los reuní hoy aquí".
2. Entrar en un ascensor lleno de personas y decir: "Apuesto a que se preguntan por qué los reuní hoy aquí".
3. Marcar cualquier número por teléfono y decirle;
''Ya tengo el cuerpo, ¿qué hago con él?''
4. Entrar a un supermercado y preguntar qué año es. Cuando respondan, gritar "FUNCIONÓ" y correr gritando.
5. Ir en un taxi y decirle al conductor: "en ese puente me suicide hace 5 años".
6. Decirle a una mujer embarazada "tu hijo es el elegido" y luego salir corriendo.
7. Subir a un colectivo, empezar a toser, hacer como que te ahogas, escupir, sacar una grabadora y decir: “Día 9, el virus ha mutado. Necesito hallar el antídoto”.
4. Entrar a un supermercado y preguntar qué año es. Cuando respondan, gritar "FUNCIONÓ" y correr gritando.
5. Ir en un taxi y decirle al conductor: "en ese puente me suicide hace 5 años".
6. Decirle a una mujer embarazada "tu hijo es el elegido" y luego salir corriendo.
7. Subir a un colectivo, empezar a toser, hacer como que te ahogas, escupir, sacar una grabadora y decir: “Día 9, el virus ha mutado. Necesito hallar el antídoto”.
8. Subir a un taxi y decirle al conductor:
"Siga a ese auto".
9. Ver una pareja besándose y gritarle a la chica "sabía que tenías otro" fingir llorar y salir corriendo.
10. Entrar a una boda desconocida, gritar: ¡Me opongo! y salir corriendo.
Continuará…
viernes, 20 de septiembre de 2013
Cuestión de valentía
Esa lucha interna que tienes dentro tuyo para poder tener la
valentía de coger el teléfono, marcarle y hablar con él. Y justo cuando lo
haces, él te dice una estupidez tan grande que te arrepientes de haber sido tan
débil como para llamarlo a la una de la mañana.
Te lo conto
Emily Lee
a las
16:23
No olvides que hablamos de
Cuestión de valentía
martes, 27 de agosto de 2013
Carta a mi demonio perfecto #1
Estoy intentando escribirte, pero mis miedos me hacen
escribir de personajes que se parecen un poquito a ti y así formo muchas
personas con detalles tuyos, según yo para que no te des cuenta. Pero después
te veo y te lo digo, y estoy borracha y no me acuerdo de nada. Y quiero acordarme de todo cuando estoy
contigo, porque uno no llora en vano, y tú dices que lloré, pero aun no
entiendo porque. Perdí la conciencia, estuve en estado catatónico, me desmayé y
cuando abrí los ojos vi un poste lleno de caritas felices, tu rostro, tus
hermosos ojos, tus labios – mis labios
– y en ese momento creo que estoy soñando y camino sin rumbo, porque creo que
es un sueño, y quizás si lo es, porque tú estabas ahí, tan presente, tan real.
Sigo intentando escribirte, pero no puedo. Mejor escribo
estos textos que a favor de mi salud emocional, mental y todo lo demás, jamás
leerás. Entonces me siento en mi escritorio y los versos de Benedetti vuelven a
mi mente “Pero en definitiva ¿Qué es lo nuestro?” Y creo verte a mi lado
leyéndolo, emocionándote, sonriendo y digo bien, estaba tomado, sin trago me
diría algo terrible y yo me odiaría un poquito, pero también lo odiaría a él.
Entonces a pesar de eso, de todo, de tus inseguridades, de mis miedos, de
nuestra forma tan rara de ser, de tratar, de nuestro salvajismo verbal, ambos
nos damos cuenta en ese instante perfecto, que ambos nos extrañamos.
Al fin decido mejor no escribirte, y dejo volar mi
imaginación y pienso que mejor así, que todo se quede en mi nube, en ese “mundo
para Julius” que ha salvado mi vida y la hace menos tediosa, menos aburrida.
Entonces te veo en mi mente – y también en el rostro de la gente - y sonrío. Soy una estúpida, me digo y me
repito hasta el cansancio intentando no sonreír, pero no puedo, sonrío tanto
que lloro y no puedo creerlo. Estoy sentada en mi escritorio llorando de
felicidad, olvidándote por unos instantes del abismo, de tus miedos, y mis
inseguridades, de todo. Lloro de felicidad y no me arrepiento. Me siento feliz,
consciente y presente. Me siento mejor que nunca, porque tú mi perfecto hombre, me piensas, me sientes, me tienes, y cuando estamos juntos, somos infinitos.
- carolinatasayco, 2013
Te lo conto
Emily Lee
a las
15:58
No olvides que hablamos de
Carta,
Demonio perfecto
sábado, 24 de agosto de 2013
Viceversa de Mario Benedetti
“Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte
tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte
tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte
o sea
resumiendo
estoy jodida
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.”
| — | Mario Benedetti |
Te lo conto
Emily Lee
a las
15:02
No olvides que hablamos de
Mario Benedetti,
poesía,
Viceversa
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