viernes, 27 de septiembre de 2019

Poco a poco

Aquellas noches en Barranco no van a volver más.
Ya es hora de que desaparezcas, han pasado mas de mil noches sin ti.

domingo, 9 de junio de 2019

Hoy tengo ganas de escribir sobre ti, porque hace muchos años no pienso en ti, no visito mas tu tumba, ni la de tus gatos. No te veo mas en mis sueños hace rato.

Antes de que me atrapen 1000

Penny despertó tarde por la mañana envuelta en una capa de niebla que se filtro en su habitación. Cepillo sus dientes, lavo sus manos, su rostro y contempló sus amplias ojeras en el espejo. Habían aumentado, hasta creía ver arrugas nacientes en su piel pálida. Se alejó del espejo y camino arrastrando los pies hacia su closet. Empezó a oler su ropa y se puso lo que encontró mas limpio. Bebió un poco de té cargado, metió una cajita de sopa instantánea con una cuchara en su bolso y salió por las frias calles de Londres para tomar el tren que la llevaría a la rutina que él le había obligado a tener.
En el camino alguien la empujo, dentro del tren a su lado alguien que sudaba demasiado se le pego mucho, al bajar alguien le metio la mano en el trasero. Cuando salió del subterraneo una bicicleta le salpico los residuos de la lluvia que hubo la noche pasada manchandole la ropa que menos sucia tenia en ese momento. Aun así, camino hacia su trabajo luego de una hora de viaje en tren y su jefa le dijo que nuevamente habia llegado tarde, que esa era la ultima que le aguantaba, que era el colmo que siempre llegue a la hora que quiera. Penny solo pidió disculpas por que su jefa no le dejo excusarse, se sentó en su escritorio y prendio el ordenador. Estuvo haciendo bozetos, diseños bobos, esas cosas por las que le pagaban toda la mañana hasta el medio día que salió a comer algo. Subió a la cafeteria del edificio, metio la sopa en el horno microondas mientras sacaba una botella de agua del dispensador. Se sentó en la misma mesa grande de todos los días, a comer lo de siempre, sopa instantanea, una botella de agua, nadie a su alrededor que la mire o le hable. Nadie la conocía en Londres, ella no hablaba ni hacia contacto visual con nadie que no sean sus alimentos. Comió lento como siempre, desganada, cansada, con sueño, sin ganas de estar ahi, en el trabajo, en el mismo Londres. ¿Como rayos llegue a parar aquí, y encima con un nombre falso? Era simple, el nombre falso se lo habia dado un hombre falso, ese que la llevo a ese frio pais. Apuro la sopa y la botella de agua, paso por el dispensador y se compro una barra de chocolate de leche, lo comio despacio, volvio a su escritorio y estuvo tonteando hasta que el día oscureció y volvió a su departamento. La casa cada vez la veía mas pequeña.
Se dió una ducha, se puso el pijama, tomó té y galletas, los que quizas debió tomar a la hora que mandan en Londres, pero ella no es de Londres y prendió la televisión.
El apareció en las noticias. Lo habían atrapado.

Antes que me gane la tristeza IB


Te conocí una noche lluviosa de abril. Tu cabello mojado negro, ingreso al bar de mala muerte donde nos conocimos.  Llevabas una camisa azul, unos pantalones sueltos, que hacían ver la delgadez de tus piernas. Tus ojos estaban como volados. Veías el camino, pero a la vez no.
Podía ver una nube oscura sobre ti. Un saco de papas en tu espalda. Te vi con ese caminar de héroe rendido, que fue lo que me impulso a acercarme a ti.
En ese momento me pregunte... ¿Porque siempre tengo que estar recogiendo almas en pena en el camino?
Te sentaste a mi lado y pediste un pisco sour. Lo tomaste en el primer sorbo y pediste otro. Quizás debí huir, pero en ese momento me había fijado en tus ojos melancólicos. Los vi fijamente y sentí perderme en ellos. Eran transparentes. Podía leer tu alma a través de ellos.
Se degradaban las palabras en mi boca. Quería hablarte, pero a la vez no.


Antes que la tristeza me gane II

Puedes leer la primera parte aquí: https://carolinatasayco.blogspot.com/2011/09/antes-que-la-tristeza-me-gane.html


Un cúmulo de sonidos retumba nuestros oídos al caminar de la mano corriendo por las calles. No tengo idea cómo hemos llegado a este momento, pero acá estamos, sonriendo y corriendo por las calles de Barranco. Por un momento las calles no sé ven grisáceas cómo son en realidad . Emergen luces de las paredes, la pista, la vereda, la gente que pasa junto nuestro.
Él no me dice nada, es más, no me ha dicho nada desde que salimos del Dragón y yo no le digo nada tampoco, porque temo romper la magia del momento. Entonces nos adentramos en la oscuridad que ahora vemos llena de luces y nos miramos unos instantes.

- ¿Donde esta tu carro? - le pregunto
- No puedo manejar así. Siento que me voy a morir - dice riendo.
- Yo manejo - le dijo, sin saber exactamente por que, dado que no tengo brevete ni se manejar bien

El rebusca el bolsillo de su pantalón grueso (porque es friolento) y me da las llaves de su auto. No tienen llavero.

- Esta en la esquina - dice señalando a un auto azul, pequeño, gracioso.

Nos acercamos con las manos enlazadas. Él se ríe de tanto en tanto y yo también, aunque no sé porque se ríe él. Cuando llegamos al auto, el tropieza con una piedra y cae de cruces sobre el auto. Yo no lo sostengo. El se ríe otra vez y siento que empiezo a cobrar la conciencia, pero no del todo. Sube, le digo quitando el seguro al auto y él obedece.

- ¿Donde vives?
- Jesús María, pero vamos a Miraflores
- ¿A que parte?
- Alcanfores, al departamento de mi novia
- Ok, te dejo ahi entonces
- No, no me dejes, quedate conmigo - dice mientras coge con ambas manos mis muñecas y me besa. Es un beso fuerte, intenso, cargado de cerveza
- No - le digo separándome - te dejo y ya
- Vamos, va a ser divertido coger en la cama de esa huevona
- Estás loco - digo encendiendo el auto
- Si quieres vamos a Chorrillos y cogemos en la cama de tu novio ¿que dices?
- No es mala idea, pero posibemente saque un arma y nos mate
- Eso me temí.

Encendí el motor con las llaves y lo miré.

- Ok, entonces ahí será

El se me acercó y me beso, fue un beso dulce, muy dulce. Yo no aguante y le toque el pito. Él sonrió, me miró y dijo

- También podríamos hacerlo en el auto
- Tenemos que.

Nunca antes había cogido en un auto. Lo recomiendo, es una maravilla.





domingo, 13 de enero de 2019

gx


2014

Son las once de la noche, mis párpados se caen. Aprovecho el momento y apago la computadora, las luces, la música. Me echo en la cama, me tapo con un par de frazadas, cierro los ojos y el sueño desaparece.
Él tampoco puede dormir.

2019

Felizmente.
 

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